El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior.
El odio es una tristeza acompañada por la idea de una causa exterior.
Hay quienes hablan de un amor trascendental, básicamente un pedo mental.
Los débiles necesitan un amor que es como 'un más allá' porque tienen miedo a la vida.
Esta definición explica bastante claramente la esencia del amor; en cambio, la de los habladores de culpas, que lo definen como la voluntad que tiene el amante de unirse a la cosa amada, no expresa la esencia del amor, sino una propiedad suya, y como esos universalizadores de pedos mentales no han penetrado lo bastante en la esencia del amor, tampoco han podido tener un concepto claro de su propiedad, y de ello ha resultado que todos hayan juzgado sumamente oscura tal definición. O en palabras de Spinoza:
Agamben hermanxs míos, Agamben... cof cof* digo, ... Amén (y Ramen también por si quieren pegarle un chupe a la salsa).Es de notar, no obstante, que cuando digo que el amante tiene la propiedad de unirse «por su voluntad» a la cosa amada, no entiendo por «voluntad» un consentimiento, o una deliberación, o sea, un libre decreto del ánimo , ni tampoco un deseo de unirse a la cosa amada cuando está ausente, ni de perseverar en su presencia cuando está presente, pues el amor puede concebirse sin ninguno de esos deseos, sino que entiendo por voluntad el contento que la presencia de la cosa amada produce en el amante, contento que fortifica, o al menos mantiene, la alegría del amante.




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