Aunque Cristo siempre fue igual a Dios,
no insistió en esa igualdad.

7 Al contrario,
renunció a esa igualdad,
y se hizo igual a nosotros
,
haciéndose esclavo de todos.

8 Como hombre, se humilló a sí mismo
y obedeció a Dios hasta la muerte
:
¡murió clavado en una cruz!

(Filipenses 2:6-8)