Caos, hijo de La Nada, y sin nacimiento; como una oscura luz no encontrada completamente en lenguas, y no menguas,
sin remordimiento trae la lluvia y la tormenta,
sacude los cuerpos hasta hacerlos bailar y alienta.
Luminaria fáustica que redime cuando blasfema
es como un día sin ocaso, como una impermanencia muy estable sin descanso.
Tan completa y así inacabada. Tan loca y poco alterada.
Su nombre es ningún lugar, su nombre es nunca:
Es el batir del Devenir...
Libera encendiendo las semillas que diluyen la culpa. Viene en guerra, viene en paz. Es vivaz, es voraz.
Es tenaz y aveces fugaz. Es un As locuaz, audaz y suspicaz.
Deja el dogma sin disfraz; te lo muestra como es: falaz.