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Veamos el ejemplo del apóstol Pablo.
Jehová lo utilizó para fundar congregaciones en un lugar tras otro.
Hasta puede que ningún otro apóstol de Jesucristo
hiciera tanto como él en el ministerio. Pese a todo ello,
Pablo no se consideró superior a sus hermanos,
sino que admitió con humildad:
“Soy el más pequeño de los apóstoles,
y no soy digno de ser llamado apóstol,
porque perseguí a la congregación de Dios” (1 Cor. 15:9).
Luego, señaló con razón que,
si era un buen amigo de Jehová,
no se debía a que fuera especial o a que hubiera alcanzado grandes logros,
sino solo a que Dios le había mostrado bondad inmerecida
(lea 1 Corintios 15:10).
Sin duda, dio una excelente lección de humildad
cuando escribió a los corintios,
teniendo en cuenta sobre todo que algunos de ellos lo criticaban
(2 Cor. 10:10).
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