El apóstol Pablo explica que la cortina del tabernáculo,
que hacía una separación entre el compartimiento Santo y el Santísimo,
representa la carne de Jesús.
Cuando Jesús sacrificó su vida,
esta cortina se rasgó en dos,
lo que mostró que la carne de Jesús
ya no era una barrera que le impidiera
entrar en la presencia de Jehová en el cielo.
Sobre la base del sacrificio de Jesús,
sus subsacerdotes ungidos que murieran fieles pasarían también
al cielo cuando llegara el tiempo para ello.
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