¿DESEA USTED Elisabet vivir para siempre en la Tierra
bajo el gobierno de Dios?

Cualquier persona en su sano juicio contestaría: ¡Sí!
Habrá maravillosos beneficios de los cuales disfrutar.
Pero, para recibirlos, usted no puede sencillamente
levantar la mano y decir:
‘Yo quiero ser súbdito del gobierno de Dios.’ Se necesita más que eso.