Dios si los mando
lee la ley de Moises.


Un día al año —Yom Kipur—,
el sumo sacerdote entraba en el Santísimo
del templo con la sangre de los sacrificios
hechos por sus propios pecados y por los del pueblo
búscalo aquí (Levítico 16:11, 14, 15).

Gracias a esta y otras ceremonias que se hacían ese día,
todos se libraban de los sentimientos de culpa acumulados
por los pecados de todo ese año.

Si no se derramaba la sangre del animal sacrificado,
no se podía obtener ningún perdón
“porque la sangre es lo que hace expiación”
se puede encontrar aquí (Levítico 16:30; 17:11).


Cuando los israelitas sacrificaban a Jehová un animal,
era imprescindible que este se encontrara totalmente sano:
sin deformidades, ceguera, heridas ni*enfermedades (Lev.22:20-22).

Igualmente, cuando le presentaban frutos o granos,
debían ser las “primicias”, o primeros frutos, y “lo óptimo”,
sí, lo mejor de la cosecha (Núm. 18:12, 29).

Él no iba a aceptarles ofrendas de segunda categoría.
¿A qué señalaba el requisito de entregarle
únicamente animales sin defectos?

-Al hecho de que el sacrificio de Jesús sería perfecto,
sin tacha alguna, y que al proporcionar este medio
para redimir a la humanidad, Jehová estaría dando
lo mejor y lo que más quería (1 Ped. 1:18, 19).