misericordia

Rom. 5:12: “Por medio de un solo hombre [Adán]
el pecado entró en el mundo y la muerte por medio del pecado,
y así la muerte se extendió a todos los hombres
porque todos habían pecado.”

Prescindiendo de lo rectos que seamos en la vida,
todos somos pecadores desde el nacimiento

[Sal. 51:5].
5 Mira, cuando nací ya era culpable de error,
y en pecado me concibió mi madre.

De ninguna manera podemos ganarnos
por nuestros propios méritos el derecho de vivir para siempre.

Rom. 6:23: “El salario que el pecado paga es muerte.”

El precedente legal que codificó Moisés
al considerar la retribución por las infracciones de la Ley
—“vida por vida, ojo por ojo, diente por diente”—
refleja el principio por el que se guió el propio Dios
al resolver la cuestión de la salvación del hombre.
(Deuteronomio 19:21, Ed, HM.)

Un hombre perfecto, Adán,
fue el culpable de que se condenara a la raza humana,
y por eso se hizo necesario que otro hombre perfecto
expiara con su vida esta pérdida.

Así, su muerte expiaría perfectamente el pecado de Adán
y sus secuelas para la humanidad.
Solo la venida de la “descendencia” o “simiente” prometida,
cuya vida se ofrecería como rescate legal,
traería la liberación plena. (Génesis 3:15,