Para toda persona de buena voluntad, el Evangelio es imposible conocerlo y no amarlo, amarlo y no seguirlo...
Quiere decir que tienes pésima voluntad, ya que no solo no lo sigues, ni lo amas ni lo conoces.

Porque de lo contrario no pondrías en Jesús palabras que nunca pronunció, como por ejemplo "en verdad os digo que ningún rico entrará en el reino de los cielos".