“para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar ni sobre ningún árbol.” (Apocalipsis 7:1)

San Juan, cuando escribió esto, estaba un poco descolocado.
O “colocado”. Vaya usted a saber.
Los árboles están en la tierra.
Si no hay viento sobre la tierra, seguro que no lo hay sobre los árboles.