"Un dignatario le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios." (Luc 18:18,19).

Jesús no está negando que fuera bueno; porque era bueno, tanto como Dios y como hombre, en su naturaleza divina y humana; Él era la bondad misma, e hizo el bien, y nada más que el bien. El dignatario que le hizo la pregunta y que con razón le llamaba bueno, no captó las implicaciones de la declaración de Jesús porque El es Dios mismo. El Señor, con su respuesta, confirmó su propia deidad, quién es originalmente, esencialmente, independientemente, infinitamente e inmutablemente bueno, y el autor y la fuente de toda bondad; lo que no se puede decir de ninguna mera criatura.