¡Hay libros que son una joya! El que sostengo en las manos y que me sirve de consulta tiene un titulo bien sencillo como las tapas que lo encierra. Se trata de la “Historia de las Cruzadas” del autor, sire Steven Runciman. La culminación de la obra le valió el ennoblecimiento.
Comienza nuestro autor con la toma de Jerusalén en el año 638 por el califa Omar. Montado en camello blanco entra en la ciudad cubierto de manto raído y mugriento. Recibe al vencedor el patriarca Sofronio, como principal magistrado. El primer deseo del conquistador es visitar el Templo se Salomón, desde el cual el Profeta ascendió a los cielos. Ante la escena de recogimiento del Califa y sobrecogido por la emoción exclamo el patriarca: “He aquí la abominación del asolamiento, anunciada por el Daniel (Mateo 24:15)
Hecha esta visita pide el Califa ver los santuarios cristianos. Se le lleva a ala iglesia del Santo sepulcro para mostrarle lo que en ella había. Quiere la fortuna que en medio de la vista llegue la hora de la oración musulmana. Amablemente Omar pregunta donde puede extender la alfombra del rezo. Sofronio le ruega permanezca donde estaba. Más Omar se dirige al atrio de la Anástasis temiendo que sus seguidores reclamen para el Islam el lugar en el que había orado ¡La iglesia siguió siendo el más grande de los santuarios de la Cristiandad¡
Esta escena que parece arrancada del Romanticismo se verá desbordada más adelante por otros matices. Entre Oriente y Occidente, como he tratado de reflejar en mis aportes ha existido una lucha sorda. El primer hemisferio ha tenido hasta ahora una cultura tanto espiritual como material, mas elevada. El reino sasánida de Persia, rival de Roma le obliga a ello. De ahí, que Constantino el Grande adopte una religión oriental traslade la capital del Imperio a Bizancio. En lo económico Egipto y Siria son las provincias mas ricas y populosas del Imperio. En lo que se refiere al otro hemisferio se vio invadido por los barbaros. Lo que originó decadencia y empobrecimiento.
Este empobrecimiento de Occidente se traduce por perdida de comercio para los sirios y la caída de manufacturas para los egipcios. Las constante guerras con Persia irrumpen la ruta comercial por desierto que conduce hasta Antioquía y el Líbano. La pérdida del Imperio Abisinio y la inestabilidad de Arabia cierran puertas al Mar Rojo. El que el emperador bizantino buscase nueva ruta por el Asia Central constituye un duro golpe para Alejandría y Antioquía. Si a esto le añadimos las luchas religiosas….
Los emperadores paganos habían tolerado los cultos locales. Cierto es que hubo persecuciones contra judíos y cristianos. Lo fueron por la intransigencia del monoteísmo. Ahora con el Cristianismo como religión oficial, los emperadores no pueden ser tan tolerantes. El programa imperial de Teodosio y la actitud primigenia de los cristianos con su ejemplo hace que el Oriente se entregue decididamente al Cristianismo. Mas pronto nacen las herejías, centradas principalmente en la naturaleza de Cristo.
A las disputas teológicas se le añaden las de ritos. La pompa de la Iglesia Ortodoxa choca con la pobreza del sirio y egipcio de las clase bajas. Consideran además que los sacerdotes ortodoxos son agentes del gobierno de Constantinopla. Por otro lado existe una animadversión de los patriarcados de Antioquía y Alejandría contra el advenedizo de Constantinopla. Lo que se traduce por un nacionalismo que va en aumento. Tal es la situación que la gran mayoria de los cristianos orientales vieron con agrado la dominación musulmana. El patriarca jacobita de Antioquía, Miguel el Sirio escribe siglos despues en epoca de los reinos Latinos: “El dios de la venganza, el unico todopoderoso…hizo surgir del sur a los hijos de Ismael para librarnos gracias a ellos, del poder de los romanos”.
Con estos antecedentes nada es de extrañar, que el basileus Alejo l pida ayuda al papa Urbano ll. Los turcos le han arrebatado Asia Menor y han establecido su capital en Nicea, a pocos dias de viaje a Constantinopla. Se celebra el Concilio de Clermont en el año 1095 donde el papa predica la Cruzada. En su homilía dice: “Renuncia a ti mismo. Toma la Cruz y sígueme”. La multitud que le escucha le responde con la frase que se a hecho famosa "¡Dios lo quiere!"