No son las emociones las que se "alborotan", sino las hormonas, que despiertan esas emociones, causando ganas de afirmarse uno mismo como persona individual. Se empiezan a tomar decisiones importantes (se eligen estudios, se eligen compañías), que al ser nuevas, traen nuevas emociones (miedos, expectación, nervios). ¿Quién te ha dicho que los adultos no lo entienden? También han pasado por ello. Como decía mi tía, "todos nos hemos arrinconado con alguien en la última fila de butacas de un cine", y mi abuela contestaba: "Yo no, porque no teníamos cines".
Pero da igual que sea el cine, el parque, el coche. En ese revoltijo de hormonas, tendemos a tantear lo que antes nos estaba prohibido, y desde luego sí es una etapa bonita. Tampoco es exclusivo de la adolescencia, has de saber. Hay muchas personas adultas que necesitan seguir sintiendo momentos de adrenalina, y también hacen locuras o corren riesgos por sentirse vivas. Lo ideal es que, desde que empezamos a tomar conciencia, sepamos, a la vez que atrevernos, ponernos límites. La euforia desmedida puede volverse contra uno, y a veces marcarnos de por vida.