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María_Laura3
Eso no es lo que enseña el Evangelio, ni lo que nos enseñan los apóstoles, que nos dicen que Caín era del maligno. Lee:
1ª Juan 3:11-1
Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
Los hombres y mujeres de buena voluntad no descienden del maligno.
Pero por lo que dice Porque25 y no por el libre albedrío. Lee:
Debes comprender que hay hombres de buena voluntad y también hay malos. Lo que te dice Porque25 coincide perfectamente con lo que enseña el Evangelio. Lee:
Mateo 12:35
El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
Maria laura
Jehová concedió a todas las criaturas inteligentes
libertad para elegir entre lo correcto y lo incorrecto
El diablo decidió revelarse contra Dios.
Ahora bien, si era un ser espiritual perfecto, sin debilidades ni*malas influencias, ¿cómo desarrolló una actitud tan perversa? Al*parecer, Satanás ansiaba recibir la adoración que solo pertenece a Dios, y vio la oportunidad de ser él quien gobernara a los seres humanos, en lugar de Jehová. En*vez de rechazar la idea, Satanás siguió alimentándola y permitió que se arraigara en su corazón hasta que terminó llevándola a cabo. El*libro bíblico de Santiago describe así este proceso: “Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo. Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado”
14 Más bien, cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo. 15 Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte.
SANTIAGO 1:14-15
1 Timoteo 3:2
2 El superintendente, por lo tanto,
debe ser irreprensible, esposo de una sola mujer,
6 no un hombre recién convertido,
por temor de que se hinche de orgullo
y caiga en el juicio pronunciado contra el Diablo
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)