Muchos creyentes creen que el nombre de Jesús es un amuleto que asegura la salvación. A veces sus propias experiencias religiosas (imaginarias o no), hacen que se convenzan a sí mismos de que Jesucristo en realidad tiene algo que ver con ellos. La verdad es que ellos ni siquiera saben quién es el Padre de Jesucristo.

En tiempos de Jesucristo no había que hacer mucha insistencia sobre la enseñanza acerca de Dios. Todos los judíos sabían que Jehová es el único Dios que adorar. Sin embargo, Jesucristo se las vió negras para demostrar que él venía de al lado de Jehová y que era su propio Hijo. Sus palabras giraban sobre el punto de que aunque se conociera a Jehová, el que no lo aceptara a él como su Hijo y portador de los mensajes de Jehová que su propio Padre le había dado antes de venir, este estaba deshonrando al Padre también.

En nuestro tiempo la situación dió un giro de 180 grados. La religión católica eliminó la importancia de Dios mismo, del propio Padre de Jesús, y puso en el lugar de Dios a su Hijo. Este fue el extremo opuesto de lo que sucedió en los tiempos de Jesús en vida. Quién haría ahora el trabajo de hacer recuperar el respeto por el Padre de Jesús y enseñar exactamente la idea detrás del mensaje del Hijo de Dios?

Pero Jesús sabía que algo como eso pasaría. Había informado claramente a sus discípulos de la importancia de conocer el papel de Jehová como Dios y el papel de su Hijo. Jesús decía: hay que conocer al Padre y al Hijo para recibir la vida eterna. Si antes había que aceptar a Jesús como Hijo de Dios (algo que los judíos no quisieron hacer en general), en nuestros tiempos hay que reconocer la persona más importante del Universo: el propio Padre de Jesús que lo dió para rescate de la humanidad (que los católicos han olvidado y enseñado a despreciar).

El día del juicio se acerca cada vez más. Si no se conoce al Padre como se conoce al Hijo, no hay forma de que las personas puedan salvarse. Ese fue el mensaje de Jesús en vida y el de los escritores neotestamentarios. Pero en el siguiente pasaje Jesús lo explica de una manera extraordinariamente clara:

Mat.7:21 ”No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre ejecutamos muchas obras poderosas?’. 23 Y sin embargo, entonces les confesaré: ¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obradores del desafuero.