¿Por qué permitía la Ley la poligamia?” (Deuteronomio 21:15-17). Es preciso analizar preceptos como este en el contexto de su época. Quienes juzgan la Ley mosaica desde la óptica de los tiempos y las culturas actuales están condenados a malinterpretarla (Proverbios 18:13).

La norma divina, expuesta ya en Edén, disponía que el matrimonio fuera una unión duradera entre un solo hombre y una sola mujer (Génesis 2:18, 20-24).

Sin embargo, para el tiempo en que Jehová entregó la Ley a Israel, la poligamia y otros usos llevaban siglos arraigados. Él sabía muy bien que aquel “pueblo de dura cerviz” desobedecería con frecuencia aun los mandamientos más esenciales, como las prohibiciones de la idolatría (Éxodo 32:9).

Por consiguiente, actuó con sabiduría al no elegir aquella época como el momento para reformar todas sus costumbres maritales. Tengamos presente, no obstante, que Dios no instituyó la poligamia. Lo que sí hizo fue valerse de la Ley mosaica para regularla entre su pueblo y prevenir así algunos abusos.