LOS SADUCEOS DICEN QUE NO HAY RESURRECCIÓN
MARCOS 12:18-23
18 Entonces vinieron a él saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le hicieron la pregunta 19 “Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguien muere y deja atrás una esposa, pero no deja hijo, su hermano debe tomar la esposa y levantar prole de ella a su hermano. 20 Hubo siete hermanos; y el primero tomó una esposa, mas no dejó prole cuando murió. 21 Y el segundo la tomó, pero murió sin dejar prole; y el tercero lo mismo. 22 Y ninguno de los siete dejó prole. Con posterioridad a todos, también la mujer murió. 23 En la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa ella? Porque los siete la tuvieron por esposa”
Hechos 23:8 dice con referencia a sus creencias religiosas: “Los saduceos dicen que no hay ni resurrección, ni ángel, ni espíritu, pero los fariseos los declaran todos públicamente”.
--Un grupo de saduceos trató de entrampar a Cristo Jesús en la cuestión de la resurrección y el matrimonio de levirato.
Pero él los hizo callar, apoyándose en los escritos de Moisés, que los saduceos afirmaban aceptar, y así refutó su punto de vista de que no había resurrección. (Mt 22:23-34; Mr 12:18-27; Lu 20:27-40.)
¿En qué consistía el matrimonio de levirato?
▪ En el antiguo Israel, si un hombre moría sin hijos varones, se esperaba que su hermano se casara con la viuda a fin de darle descendientes que perpetuasen el nombre de la familia (Génesis 38:8).
Esta costumbre, que fue incorporada más tarde a la Ley mosaica, se conocía como matrimonio de cuñado, o de levirato (Deuteronomio 25:5, 6).
Si el fallecido no tenía más hermanos vivos, otros varones de la familia tenían que cumplir con este deber, como lo muestra el caso de Boaz, narrado en el libro bíblico de Rut (Rut 1:3, 4; 2:19, 20; 4:1-6).
En Marcos 12:20-22 leemos que unos miembros de la secta de los saduceos hicieron referencia al matrimonio de levirato, lo que indica que en los días de Jesús seguía celebrándose. ¿Cuál era el objetivo de esta práctica? Flavio Josefo, historiador judío del siglo primero, explica que no solo conservaba el nombre familiar, sino que también mantenía las propiedades en la familia y protegía a la viuda. En aquella época, la mujer no tenía derecho a heredar los bienes de su difunto esposo, mientras que el hijo nacido del matrimonio de levirato sí podía recibir las posesiones del fallecido.
La Ley permitía a los parientes negarse a “edificar la casa de su hermano” —es decir, cumplir con el matrimonio de cuñado—, pero tal actitud era considerada una deshonra (Deuteronomio 25:7-10; Rut 4:7, 8).




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