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[REPOSO MENTAL, comentario 201].
Pero si de alguna manera saliera del interior del “corazón” humano una apariencia de santidad indefectible, como la que Jesucristo recriminó a los fariseos o similar, siempre sería bueno ponerla en cuarentena y examinarla a la luz de lo que dice la sagrada escritura en cuanto a ello; es decir, asegurarse de que tal “santidad indefectible” no sea más bien una argucia estratégica demoníaca en donde el primer engañado es el mismo individuo que exhibe dicha santurronería: “Y no es maravilla (se sobreentiende: no es una rareza lo que se expresa en este contexto), porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz (se sobreentiende: un mensajero con supuesta iluminación espiritual). Así que, no es mucho (se sobreentiende: no es una exageración) si sus ministros (se sobreentiende: individuos humanos que, consciente o inconscientemente, sirven como marionetas del diablo) se transfiguran como ministros de justicia (se sobreentiende: dan la apariencia a otros, e incluso a sí mismos, de que contribuyen a la causa de la justicia o la iluminación espiritual universal e infalible); cuyo fin será conforme a sus obras (se sobreentiende: les acaecerá, a la larga, lo que Jesucristo habló en el Sermón de la Montaña tocante a edificar sobre la roca o sobre la arena, según se registra en el Evangelio de Mateo, capítulo 7, versículos 24-27)” (Segunda epístola del apóstol Pablo a los cristianos corintios, capítulo 11, versículos 14-15; Biblia de Reina-Valera).
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