[REPOSO MENTAL, comentario 200].
El libro (“El poder del ahora”) está escrito de tal manera que parece especialmente dirigido a un lector sufridor, existencialmente confundido, aturdido por una vida de despropósito, con problemas psicológicos causados (quizás en buena parte) por el desasosiego de la vida y la agitación mental (falta de reposo de la mente). Esto no tiene nada de extraño si se tiene en cuenta que Tolle refleja aquí su propia experiencia vital de la juventud y también la solución que él encontró al problema, a saber, anular de alguna manera las inquietudes de su mente, haciéndolo por medio de una especie de anestesia pseudobudista de las funciones cerebrales para que éstas no disparen ninguna señal de alarma en la mente consciente y ésta nos incite a buscar estrategias convencionales con las que poder hacer frente a las amenazas de la vida. Tolle parece haberse dado cuenta de que materialistamente hablando está todo perdido para la humanidad y de que desde ese prisma lo más que se puede hacer es remedar al avestruz, metiendo la cabeza debajo del ala y olvidándose de que existe algún problema; o como se procede en medicina clínica ante una enfermedad incurable, silenciando los síntomas dolorosos. Sin embargo, Tolle supone (lo cual es suponer demasiado) que con una acertada y mística huída de la dura realidad se puede encontrar algo sublime, esto es, una dimensión existencial superior y apoteósica que, por arte de magia gandalfiana, está ahí, DENTRO de nosostros, esperando que llamemos a su puerta. Pero, en lugar de eso, la sagrada escritura incita a una reeducación mental basada en las sagradas escrituras, que permitiría afrontar con éxito las inquietudes de la vida por medio de la guía divina y bajo la esperanza profética de que los problemas humanos serán solventados por Aquél que es infalible, a su tiempo previsto y en la sazón debida. Por lo tanto, la idea implícita de que la solución a los problemas terrenales, humanos, psicológicos y personales se encuentra al alcance de cualquiera de forma cuasi mágica, por simplemente apagar la mente, entrar en el momento presente e hipotéticamente vislumbrar nuestra verdadera identidad espiritual, fluyendo con el todo y con la vida, es absolutamente descabellada desde el punto de vista de la sagrada escritura. En efecto, debido al desequilibrio psicofísico, profundo y sutil, heredado de nuestros primeros ancestros a consecuencia de la rebelión edénica, Jesucristo señaló: “Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de DENTRO, del CORAZÓN de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de DENTRO y contaminan al hombre” (Evangelio de Marcos, capítulo 7, versículos 20-23; Biblia de Jerusalén).