[EL DIOS EMOTIVO, comentario 168]
Finalmente, la equidad o justicia se basa en el conocimiento y la sabiduría, y es imprescindible para liderar a un pueblo. Un conocimiento deficiente de la naturaleza humana, entre otras cosas, facilitaría rápidamente un ejercicio defectuoso y hasta pernicioso de la justicia. Verbigracia, cuando socialmente se reivindica la igualdad para todas las personas se está actuando con una brutal falta de conocimiento. Es cierto que implantar la desigualdad en el trato por razones dictatoriales es mucho peor, pero establecer la igualdad sin tener idea de lo que realmente necesita cada cual (cada persona es un mundo, suele decirse) es una equivocación contraproducente; y desgraciadamente nos encontramos con revolucionarios que reclaman la igualdad y al mismo tiempo no tienen la más ligera idea de lo que ellos mismos necesitan en sentido psicofísico. De hecho, la desinformación acerca de estos asuntos ha llevado a las democracias a un estado lamentable de corrupción y desatino en donde dicho reclamo de “igualdad” ha servido a los malvados para medrar y aplastar a los desvalidos. En lugar de “igualdad” debe escribirse “equidad”, es decir, el dar a cada uno según sus necesidades naturales y según sus merecimientos, de acuerdo a unos fundamentos morales que no están en el saber de la mente humana alejada de Dios. Por otra parte, nadie como el Creador puede conocer a fondo y sin error la verdadera naturaleza de cada criatura. En consecuencia, nadie hay como Él para impartir justicia o equidad a un pueblo o a una colectividad.