No leo su agradecimiento por mi presencia.
Antes de derramarles todo lo que tengo sobre ustedes, primero me informaré sobre los aborígenes que pueblan esta pradera.
Está bien, lo perdono por ser la primera vez.
Obviamente mi razón quedó nublada ante su porteño y portentoso talento y descuidé las normas más básicas de la cortesía. ¡ Tome nuestras esqueléticas meninges y haga de nosotros pasto de sus conocimientos.