El señor toros confunde "contundente"=evidente, con "apodíctico", hablar de "pruebas contundentes" es hablar de pruebas fuertes, que contienen elementos que las hacen CASI definitivas; pruebas apodícticas son las concluyentes, que no admiten discusión.

Para cuinillo y toros, les voy a hablar un poquitito de como las ciencias se ocupan de tratar de explicar los acontecimientos bíblicos, y lógicamente que para eso se ocupa el cerebro; los mismos investigadores no tendrían motivo de tal actividad, si su cerebro no les pidiera respuesta y no lo utilizaran para buscarlas. Hablo del DILUVIO:

¿Qué significación simbólica puede dimanar de un proceso por el cual un hecho histórico fundamental para una tradición (el Exodo en la tradición bíblica y hebrea) sea objeto de silencio o indiferencia por parte de la cultura y el territorio donde se habría consumado aquel magno acontecimiento (el reino de los antiguos soberanos de Egipto)?

En la tabla de las Naciones, como algunos comentaristas prefieren llamar al capítulo X de Génesis, nos menciona el origen entre otros, del mismo Egipto. Dos de los descendientes de Cam, hijo de Noé y sobreviviente del diluvio, fueron Mizraim y Patros. Uno pobló la zona del delta, el otro la tierra más cercana a las misteriosas fuentes del "canal"(Heb. SHEOR, "corriente"), como los antiguos se referían al Nilo. Vale decir, que desde lo antiguo se reconocía la dualidad en el Bajo y el Alto Egipto.

Algunos, han querido ver en Mizraim al faraón Menes fundador de la primera dinastía mencionado por Manetón, pero dicha identificación es incierta. Sin embargo, es notable que hasta el día de hoy, los árabes conozcan a la tierra del Nilo como "Misr" o "la tierra de Cam el negro". Lo curioso es que los mismos habitantes de Egipto hablaran de su tierra como "Kenyt" (negro) o "Tawy" (las dos tierras).

Abraham, hizo en algunas oportunidades algunas visitas al país, por los registros bíblicos parece que tuvo relaciones comerciales ya que adquirió una sierva egipcia llamada "Agar" (Génesis Cap. 12-13). Si bien, no hay ninguna evidencia arqueológica de estos episodios, la situación reinante en Palestina con relación a sus enlaces y sus respectivas rutas comerciales o a los movimientos migratorios semitas, coinciden con los registros egipcios del viaje de Sinuhé y con las descripciones del papiro Anastasi I

Tiempo después, José es vendido como esclavo a Egipto por comerciantes ismaelitas a un hombre importante llamado Potifar, cuya esposa intentó seducirlo mientras ministraba en el interior de la casa Es relevante la evidencia documentaria de mujeres ricas en busca de aventuras extramaritales, como lo muestra el papiro Westca. En consecuencia, el hebreo es encerrado en prisión y finalmente alcanza un puesto de visir ante la corte del faraón por el arte de interpretar sueños y predecir siete años de abundancia y otros siete de hambre en el país bien amado. Existe evidencia de siete años de escasez en una inscripción sobre un bloque de granito en la isla de Sehail, que data de la época tolomaica, pero la leyenda seguramente es mucho más antigua.

La historia de José tal como la leemos en el Génesis, concuerda con las costumbres Egipcias, las viviendas, el funcionamiento penitenciario, el cargo de visir o segundo en el reino coinciden con lo que hoy se sabe del período en cuestión

Un dato que no podemos pasar por alto es lo que menciona Génesis 41: 43, sobre el nombre que recibió José en su ascenso, "Avrekj". Esta expresión es una transliteración y no se sabe a ciencia cierta su verdadero significado, pero la versión siríaca lo vierte como: "padre gobernante, y la Vulgata de Jerónimo como: " que toda rodilla se doble ante él".

El hecho de que así fuera llamado cuando montaba en el carro triunfal del faraón y de que haya recibido el anillo del sello (posiblemente con el emblema del escarabajo), concuerda con lo que dice la obra de Manetón, hoy desaparecida. Esta es rescatada por el historiador judío del siglo I d. C. Flavio Josefo, donde relaciona a los israelitas con los llamados hicsos, que significan "reyes pastores" o "reyes cautivos". Es dudosa su procedencia, por lo que se sabe fue una invasión asiática, que según se cree, sucedió entre las dinastías XIII y XVII y que gobernaron durante unos doscientos años; otros prefieren fecharlos entre las dinastías XV y XVI. Algunos comentaristas sitúan la entrada de José con el período de los hicsos, ya que según Génesis 47: 20, José llego a ser dueño de casi todo Egipto a excepción de los bienes del Faraón y de sus sacerdotes. No hay ninguna evidencia bíblica que grupos asiáticos estuviese instalados en el delta antes de la llegada de Israel (Génesis 46: 5, 6). Según los textos hebreos, la corte real estaba compuesta solo por egipcios, Potifar era uno de ellos. Además, José tuvo que servirles la comida a sus hermanos en una mesa aparte, "puesto que los egipcios no podían comer (...) con los hebreos" esto no hubiera sido necesario los habitantes del palacio hubiesen sido semitas (Génesis 43: 31, 32).

L. Archer, nos ofrece una teoría interesante. Nos habla de tres grupos, los Israelitas, los egipcios y las hordas invasoras de los hicsos. Para su exposición, utiliza el relato de Exodo 1: 8-10 que menciona lo que sucedió después de la muerte de José. Allí dice:

“Con el tiempo se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José"

Este nuevo rey, sin duda era de otra dinastía, bien podría ser un gobernante hicso, ya que no reconocía al pueblo del difunto José ni el cargo que ocupó.

"Y procedió a decir a su pueblo: "¡Miren! El pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y poderoso que nosotros."

Es improbable que los israelitas hubieran sido más numerosos que todos los habitantes de los nomos de Egipto, en cambio, si hubieran sido unas dinastías invasoras evidentemente eran un grupo más reducido.

"¡Vamos! Tratemos astutamente con ellos, por temor que se multipliquen y tenga que resultar que, en caso de que nos sobrevenga una guerra, entonces ellos ciertamente también se agreguen a los que nos odian y peleen contra nosotros y suban y se vayan del país".

Es posible que si era una dinastía de hicsos temieran que los hebreos se unieran a los egipcios en una posible guerra.

Pero desgraciadamente es una etapa muy oscura y la invasión de estos extranjeros no se entiende con claridad. Las inscripciones de las tumbas nos silencian el hecho. Además, hay mucha incertidumbre en cuanto a las dinastías que presenciaron los acontecimientos. Pero ¿qué hay de la historia de Moisés y de la migración israelita registrada en el libro bíblico de éxodo? ¿Es factible reconstruirlo a partir de documentos egipcios?

Solo es posible hacer un acercamiento, si se dejan definidos dos asuntos: por un lado, el problema cronológico y la dificultad de armonizar los hechos arqueológicos y epigráficos con la historia tal como la registra el Pentateuco; y por el otro, las profundas cuestiones religiosas que estuvieron enraizadas en las mentalidades de ambos pueblos.

Podemos hablar de muchisimos mas avances de las investigaciones científicas, esto nada mas es una probadita para demostrar que si hay personas que creemos en los relatos bíblicos, pero investigamos en busca del ¿porqué? y del ¿cómo?.

Así como abundan resultados sobre los relatos bíblicos, escasean y prácticamente no existen, datos que justifiquen la mitología mormona.