Jo, Uriel, vaya testimonios. Son, desde luego, sobrecogedores los episodios vividos y los momentos tan desafortunados. Desde luego, de quien hayas heredado ese coraje, bendito sea. Te admiro por tu valentía y por pintar de azul el olvido protegiendo aquello que quieres y por hacer de tu silencio en los peores momentos, la paz de tu hermana pequeña.

Flipao me he quedado. Un abrazo.