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OTRAS CAUSAS DE KARMA O EXPIACIONES
Cuàntas veces nos hemos preguntado al mirar a niños con discapacidad intelectual: ¿Por què Dios? ¿Por què ese “castigo” a tan buenos padres como son los que tienen un hijo con ese problema? ¿Y por què esa injusticia con un ser humano que viene a vivir?
¡Claro! Los reencarnacionistas, sòlo vemos el problema, y al verlo sabemos que se trata de una expiación del que vino con ese problema; la aplicación de la Ley de Causas y Efectos. Dios nada tiene que ver con esas aparentes injusticias, ya que estàn bien justificados los padecimientos por esa y cualquier otra que observemos. Sus leyes se aplican a todos; eso es justicia divina.
Pero el que cree que tenemos una sola vida, no se explica còmo suceden estas cosas y siempre lo toman como injusticia divina, especialmente los de la familia que padece un problema de estos con un hijo o una hija.
¡Veamos! En una oportunidad llegò a la Sociedad de Estudios Psìquicos que yo presidìa, una joven señora, y me hablò de un hermano que tenìa el cual actuaba como un niño y ella sospechaba que era una obsesiòn espiritual. Cuando me lo enfocò de esa manera, que su hermano actuaba como niño, pensè que se trataba de un ser normal. A los dìas me llevò al hermano. Era un joven de unos 16 años, pero al verlo me dì cuenta que el joven era un retardado mental.
Pero ese joven es asì de nacimiento, le dije. Sì, me contestò la dama, pero me han dicho que en esta sociedad lo pueden volver a la normalidad.
¡No querida!, le dije: Acà no hacemos imposibles. Vos me planteaste el caso como un problema de obsesiòn espiritual y no lo es. Los espìritus nada tienen que ver con el problema del joven que es de nacimiento.
Cuando uno regenta una sociedad de este tipo, la gente cree que uno puede hacer imposibles. Mi propia vieja que padecìa artritis deformante desde los 25 años, cuando la visitaba, me decìa: Hijo, ¿en esa sociedad no me pueden curar la artritis? No vieja, le decìa: Allà no hacemos curaciones, es sòlo una Sociedad de Estudios Psìquicos.
Cuando la dama de la que hablo se marchò con el hermano con retardo mental, esa noche que era de investigación, se manifestò un espìritu que dijo: El joven que trajeron esta mañana, en su vida anterior fue un abogado brillante. Brillante pero inescrupuloso y usò su inteligencia para despojar a cuanto incauto solicitaba sus servicios profesionales. Se enriqueciò, no por el fruto de sus honorarios sino por el fruto de los despojos que hizo a muchos de sus clientes.
Toda su familia disfrutò de la riqueza mal habida, y al hacerlo, y a sabiendas de la forma en la que èl obtenìa sus riquezas, automáticamente se convertìan en còmplices del inescrupuloso pariente.
Esa fue su expiación o karma. Naciò con retardo mental. Usò su inteligencia para despojar al pròjimo, y ahora venìa con sus manifestaciones inteligentes limitadas a la imperfección de su cuerpo. El espìritu no es el retardado. Precisamente el sufrimiento de èl es el de que su inteligencia no se puede manifestar eficientemente a travès de una tara corporal. El, todo el tiempo està conciente de su impedimento, y por eso sufre, aunque su familia no lo capte.
¿Y los padres? ¿Por què tuvieron un hijo asì? Si no estuvieran encadenados a esa expiación no la tendrìan. Los padres de ahora, bien pueden ser dos de los parientes que tuvo en la vida pasada y los que màs beneficios obtuvieron del mal uso de la inteligencia del brillante abogado.
¿Otro caso? ¡Otro caso! Hace años, estaba visitando a un mèdico que fue compañero de la secundaria. Al terminar, seguimos estudios distintos, y por supuesto, tuvimos profesiones diferentes.
En medio de la conversación recibiò la visita de una bella joven. Al verla no la reconocì porque cuando era niña no era como para mirarla dos veces. No lo podìa creer cuando me dijo que era fulana, su hermana menor. ¡Còmo habìa cambiado! Para mejorar, claro. Estaba lindìsima. Andaba en los preparativos de su matrimonio, asì que la visita a su hermano fue corta. Nos despedimos.
Unos dìas después me enterè por los diarios de algo que me conmoviò. A la joven la llevaron de emergencia a una clìnica por un ataque de apendicitis. Al anestesiarla para la operación, habìan equivocado el cilindro y al ponerle la mascarilla, respirò el gas no hipnòtico y quedò en estado vegetativo. ¡Què dolor el de la familia! ¡Què dolor el del joven novio!
La clìnica reconociò el error y en compensación se comprometiò a tenerla bajo su cuidado hasta el momento de su muerte.
Ya tenìa 20 años en ese estado vegetativo. Ya ni se hablaba del caso. Una noche, durante una sesiòn experimental, se manifestò una entidad que me dijo: Roberso, soy fulana. Cuando se identificò, pensè que habìa finalmente desencarnado y que yo no me habìa enterado.
Antes de que le dijera algo al vidente que tenìa a mi lado, èl me dijo al oìdo: Està viva. Le estoy viendo el cordòn espiritual. Ella lo confirmò cuando dijo: No estoy muerta. Se me ha permitido esta comunicación para que sepan que aunque en estado vegetativo, me doy cuenta de todo lo que acontece a mi alrededor. Mi espìritu no està en estado vegetativo.
He sufrido mucho. Al principio, fuera de mi cuerpo gritaba desesperada: ¡No estoy muerta! ¡No estoy muerta! Tenìa miedo de que me creyeran muerta y me fueran a enterrar viva. Se me quitò esa angustia, cuando pasaron los dìas y me seguían atendiendo, como a una paciente màs de la clìnica.
Nos hablò de la constancia de su madre, que desde el momento en que tuvo el percance, nunca faltò un dìa a la clìnica. Viene temprano en la mañana y se marcha al anochecer. Ella me habla. Me cuenta cosas como si yo la escuchara y atendiera todo lo que me dice. Y no sè si tendrà la seguridad de ello, pero yo le escucho, le entiendo y me interesa todo lo que me cuenta.
Mi tranquilidad, continuaba la joven en estado vegetativo, la logrè totalmente el dìa que se me apareciò una persona muy iluminada y me preguntò: ¿Quieres saber la causa de tu problema? Yo hasta ese momento como una catòlica practicante, jamàs se me habìa ocurrido pensar en reencarnación. Al principio, sòlo decìa: ¡Dios! ¡Dios! ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por què a mì?
La entidad espiritual, me consolò mucho y finalmente cuando yo estaba lista, me mostrò con imàgenes la causa de mi efecto.
¡No lo podìa creer! El que yo hubiera actuado de esa manera y que hubiese hecho lo que hice. Cuando me enterè de ello, lo ùnico que dije fue: Perdòname Dios mìo por haberte creìdo injusto. ¡Todo lo que estoy padeciendo me lo merezco!
Ella nunca nos dijo, ni nosotros al ver que no lo hacìa, le preguntamos nada. Debiò ser muy grave y la joven no quiso pasar vergüenza, y eso lo comprendemos bien.
Fue la ùnica vez que se comunicò con nosotros. Dos años después muriò. La madre la sobreviviò y siempre me digo: Si la madre hubiese muerto antes que ella, ¿còmo habrìa padecido ese espìritu, màs de lo que ya padecìa? Al de la joven, me refiero.
Por supuesto, aunque en la oportunidad que la joven dialogò con nosotros no me dijo el encadenamiento de su madre a la expiación de la hija, la madre tambièn estaba expiando.
Las dos estaban encadenadas a ese sufrimiento.
Pròximo escrito en este mismo tema: NO TODO PADECIMIENTO ES EXPIATORIO.
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