Los realmente enfermos y deformados, son aquellos cuya mente tiene tantas costras de heridas y prejuicios provenientes de una estrecha educación, una cultura retrógrada y un conjunto de inútiles y malas experiencias, que no pueden ver que la igualdad de nuestra condición humana, nada tiene que ver con las preferencias sexuales, con el género, la raza, la nacionalidad, el partido político, ni ninguna elección personal, ninguna condición predeterminada, ninguna conducta, ningún conjunto de conocimientos ni experiencias y obviamente nada que ver con sus bienes materiales, sino con la realidad irrefutable de que cada uno tiene un valor inalterable como ser humano.
Los homosexuales deberían tener todos los derechos que cualquier otro ser humano porque sus preferencias sexuales no los hacen menos seres humanos.