Casi parecían perfectos
cuando la luna apagaba el día
y bañaba de purpurina líquida
los tejados raídos de tristeza.

Sin querer, a veces apagaba
una vela suicida y sentía
su piel ardiendo, dejando amar
el silencio entre tantas palabras.

Palabras perdidas,
que escuchaban entre muros
álgidos e infinitos de melancólica
noche con abrazos cóncavos.

Aún se escucha, a veces
tu voz de lejos
entre un hogar sin recuerdos
que ya no habita el tiempo.