En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde
En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde sea pronto noche, disfruto de
errar sin pensar entre lo que la ciudad se vuelve, y ando como si nada tuviese
remedio. Me agrada, más a la imaginación que a los sentidos, la tristeza
dispersa que está conmigo. Vago, y hojeo en mí, sin leerlo, un libro intersperso
de imágenes rápidas, del que voy formándome indolentemente una idea que
nunca se completa.
Hay quien lee con la misma rapidez con que mira, y concluye sin haberlo visto
todo. Así saco del libro que se me hojea en el alma una historia vaga por
contar, memorias de otro yo vagabundo, con avenidas de parques en medio, y
figuras de seda varias, pasando, pasando.
Indiscrimino con tedio y otro. Sigo, simultáneamente, por la calle, por la tarde
y por la lectura soñada, y los caminos son verdaderamente recorridos. Emigro
y descanso, como si estuviese a bordo con el navío ya en altamar.
Súbitamente, los faroles muertos coinciden luces en las prolongaciones dobles
de una calle larga y curva. Como un batacazo, mi tristeza aumenta. Es que se
ha terminado el libro. Hay tan sólo, en la viscosidad aérea de la calle
abstracta, un hilo exterior de sentimiento, como la baba del Destino idiota,
goteando en la conciencia del alma.
Otra vida de la ciudad que anochece. Otra alma la de quien mira a la noche.
Sigo inseguro y alegórico, irrealmente sintiente.
Soy como una historia que alguien hubiese contado y, de tan bien contada,
anduviese carnal, pero no mucho, en este mundo novela, en el principio de un
capítulo: "En este momento, se podía ver a un hombre avanzar lentamente por
la calle de..."
¿Qué tengo yo que ver con la vida?
Libro del desasosiego (Fragmento III)
Fernando Pessoa





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