En la avenida principal del cementerio de San Fernando (Sevilla) hay una impresionante escultura en bronce de un crucificado. Su autor, Antonio Susillo, reposa a los pies del crucificado.
A los pocos días de colocar la escultura en el cementerio ocurrió un hecho curioso que muchos atribuyeron a un milagro. A través de la boca del Cristo comenzaron a correr regueros de miel. El revuelo en la ciudad fue enorme, hasta tal punto que autoridades del Vaticano visitaron la escultura para comprobar qué pasaba allí.
Para aliviar de peso a la escultura, Susillo la dejó hueca y fue por eso que las abejas aprovecharon para construir una colmena en su interior. Cuando apretaba el calor, la miel se hacía más líquida y era posible ver cómo salía por su boca.
Milagro o no, desde entonces esa escultura es conocida como El Cristo de Las Mieles".
