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Ahí esta, contra viento y marea como acostumbra hacer casi todos los veranos, su magistral idea para estas vacaciones ha sido la de robar algunos carros llenos de comida de algunos grandes supermercados. Bah!!! restar un poco de beneficio a empresas que para nada son ejemplo de honradez.
¡Y como se ha puesto la peña tu!!!
Por una parte varias ONG se han negado a aceptar el producto en cuestión, (no importa, ha sido repartido entre familias muy, muy necesitadas)
Luego esta la condena del hecho, por parte del presidente socialista de Andalucía y del dirigente máximo del Partido Comunista Español. Dos actos de traición hacia las personas que sufren carencias alimentarias por las tierra Andaluzas.
Pero, pero, pero... Antonio Alvarez Solis lo expresa sin duda, mucho mejor de lo que yo puedo, o podré nunca.
Sentí una dolorosa sensación de naufragio moral cuando en refuerzo de esas manifestaciones de insolidaridad en los periódicos leí, ya en el primer momento, las añadidas condenas del presidente socialista de Andalucía y del dirigente máximo del Partido Comunista español. Dos actos de traición al pueblo que sufre un genocidio de amplio espectro. El respeto por la prepotente y agostadora propiedad afloró en ellos sin consideración al drama humano de una sociedad a la que la ambición de poder y riqueza por parte de un puñado de seres execrables está desangrando de modo continuo.
A los andaluces que así padecen no puede exigírseles la creencia en la ley que les impide la vida. Keats escribió con absoluta determinación: «De lo único que estoy seguro es de los afectos del corazón y de la verdad de la imaginación». De esos afectos y de esa verdad están poblados los últimos sucesos protagonizados por las gentes del Sindicato Andaluz de Trabajadores.
El portavoz socialista en el Parlamento de Madrid, Sr. Alonso, reprende al Sr. Gordillo, el quijotesco creador de la ínsula de Marinaleda, con un discurso oscuro en que habla de «la ejemplaridad (precisa) en el cargo político». Sr. Alonso ¿qué entiende usted por ejemplaridad? ¿callar ante la supresión de los auxilios sociales a los que padecen, a fin de regalar una hacienda apropiada al sombrío Imperio, que es eso que ha sucedido al descarnado imperialismo, como dice Toni Negri? ¿Entiende usted, Sr. Alonso, por ejemplaridad, desahuciar a los débiles de lo único que tienen a fin de colmar al gran agujero negro de la Banca? ¿Debe calificarse de político ejemplar al que precipita en la agonía a los pueblos para salvaguardar y aún enriquecer el «augusto» modelo financiero, esencialmente perverso? ¿No será que usted llama ejemplaridad al comportamiento que se apoya en la sumisión? Usted se reclama de socialista, Sr. Alonso ¡recuérdelo cada hora y juzgue con reflexión consecuente lo que acaba de acontecer en tierras andaluzas! Frente a la ley, y para reemplazarla por estar en periodo de putrefacción -la ley hiede cuando tortura al ser humano- hay que abrir el alma a la moral, que es eso que desde una ignota profundidad espiritual nos exige iniciar otro camino, tributario de la imaginación decente.
La ley y la moral suelen estar confrontadas y en una relación contradictoria. Ahora corresponde el tiempo a la moral. Y la moral -una lucecita parpadeante siempre en el fondo del alma- revela que el crimen, y crimen es sumergir en la desesperación a las masas, constituye la piedra Roseta para leer la verdadera voluntad del poder. No cabe leer la felicidad, ni siquiera en clave futura, en la tabla de signos que niegan toda confortabilidad. Hay que valorar debidamente esos signos.
Una correcta lectura exige una correcta interpretación de los mismos. Ahora lo que ha acontecido en dos pueblos andaluces es como si Riego empezase otra caminata, modesta pero resolutivamente, para afrontar la opresión. El poder empieza a ponerse nervioso y ordena las primeras y sumarias detenciones al margen de todo tribunal de justicia. Supongo que ante los simbólicos pasos liberadores ustedes y sus socios, los «populares», los rosadíez, ciertos nacionalistas con trastorno bipolar y los rojos rosáceos, multiplicarán el papel del Boletín Oficial del Estado con que limpiar los cañones de los fusiles del orden.
Salud.
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