Ma iaia, a.c.s., era una entregadísima amante de la lectura.

Y, le ENCANTABA abrir su salon a amantes de la lectura.

Mais.., como ¡aquellos tiempos de entonces eran lo que eran!, le resultaba ¡allí! una tarea más que ciclópea surtirse de auténticos, verdaderos, genuinos amantes de la lectura como ella.

Y, a veces...

Era, ¡oh, sí!, un caballero ¡en aquel entorno! INSÓLITO y, por tanto, INTERESANTÍSIMO. Les cuento, les cuento, les cuento..; se trataba de un, digamos.., estudiante eterno (pasaba con mucho de los treinta por entonces, sí) de muy buena familia y que, además, era sobrino del arcipreste (que, sí, era carne y uña con ma iaia, a.c.s.). Siempre estaba de aquí para allá..; pero, los veranos (los largos veranos de entonces) los pasaba a casa (concretamente, my dears, en la inmensa torre herencia familiar sita en -entonces- las bucólicas afueras que era uno de los pocos lugares que ma iaia, a.c.s., consideraba le honraba visitar). Sí: tenía, cette éclosion!, una biblioteca simple y llanamente ESPECTACULAR.

Por supuesto, por supuesto, por supuesto..; yo -en mis holidays- era la excusa PERFECTA. Tanto, mes amis/es, que año tras año fué consolidándose la costumbre de que yo -acompañado SIEMPRE de ma iaia, a.c.s.- pasase tarde sí y tarde también en la torre. Debo confesar que me ENCANTABA; aunque.., las cosas claras: NUNCA ignoré que yo era la excusa malgré JAMÁS de los jamases (todo lo contrario, sí) ni ma iaia, a.c.s., ni él hicieron NADA que no fuese querer darme a entender que yo y nada más que yo era el objeto último de TODO.

¡Yo, además, quería ser como él! Con ¡aquella torre!, ¡con TANTAS cosas bonitas e interesantes por TODOS los lados!, ¡con aquel porte, aquel donaire y aquellos modales que a TODAS las damas gustaban!, ¡TAN viajado!, ¡TAN leído!, ¡TAN , en resumidas cuentas, honradamente envidiado!; ¿quién no hubiese querido ser como él?, ¿eh?

Lo recuerdo perfectamente: fué en las vísperas de la Nit de Sant Jaume (hoy, pues, es el aniversario; vraiment), estábamos en el jardín, yo miraba los peces ondulándose entre los nenúfares del coquetísimo estanque..; él, que estaba hablando muy animadamente con ma iaia, a.c.s., me llamó y me pidió fuese a la biblioteca y trajese el libro con un lacito que había encima de la silla Thonet con rejilla del lado derecho del aparador modernista de primeros de 1900 de roble y con espejo y cristales biselados con sobre en mármol rojo. Lo hice, claro.

Era un regalo para ma iaia, a.c.s. {a mí -que me quedé, debo decirlo.., así como frustradete- me dijo que me daría mi regalo delante de la foguera, por la noche}. Era la, entonces, muy reciente edición póstuma de la última obra {es decir, "My Search for Absolutes" (ed. Ruth Nanda Anshen -NY, 1967, Simon & Schuster-)} del maestro Paul-Johannes Tillich (20/08/1886–22/10/1965), uno de los poquísimos teólogos, digamos.., "protestantes" a quienes ma iaia, a.c.s., no tenía inconveniente en proclamar donde fuese preciso leía allanadamente y respetaba sin matices ni fisuras.

SEGURO, pues, que lo leyó {aunque, yo no lo supe: NO eran tales lecturas las que, entonces, consideraba debía comentar conmigo; como es lógico y natural, claro está}.

Pero, no pilló del todo, no...

¿Por qué sé, en cambio, tal? Pues, porque no pasaron ni dos meses que, andando yo perdiéndome en los embrujadores mapas de los cartularios de su casi laberíntica biblioteca, él -que estaba bla y bla y bla con ma iaia, a.c.s.- me llamó para que, subiendo la escalera al caso, le alcanzase un hermosísimo ejemplar de la cuidadísima primera edición del "Kunstform und Yoga im indischen Kultbild" -Berlín, ED, 1926- del maestro Heinrich-Robert Zimmer y un ejemplar de su versión al inglés del mismo año; y, después, se los puso en las manos de mi queridísima, amadísima añoradísima abuela paterna, a.c.s., diciéndole, amabilísimo, que, si le había agradecido tanto la obra tillichiana, oh!, ni se sabía ya cuánto iba a agradecerle éstas.

¿Saben?; poco antes de, finalizadas las holidays, volver yo al cole, damas y caballeros, el arcipreste estaba de visita en casa; y, cumplidos los parabienes, yo NO tenía excusa (como mon iaio, a.c.s., mon pare, a.c.s., e, incluso, Anna) y tenía que tragar con no moverme de delante del arcipreste y ma iaia, a.c.s. Aquel día, por eso, empezaron a hablar de algo que no me aburría: sacaron el thema del sobrino del arcipreste.

Y, el arcipreste se sonrió cuando ma iaia, a.c.s., le dijo que le había aconsejado algunos libros... NO, evidentemente: la sonrisa, ¡y; menos aquella sonrisa, bien sûr!, NO escapó a la mirada de ma iaia, a.c.s.

-"Y.., ¿la está convenciendo?"

-"¿Convenciéndome?, ¿a mí?; ¿de qué querría convencerme? Creo que pasa por alto que yo puedo leer herejes SIN mácula de mi fe y, además, que muchos herejes deberían ser muchísimo más leídos de lo que lo son..."

-"¡NO!, si mi sobrino no es hereje. ¿Aún no se lo ha dicho?; él es transteísta... ¡CONVENCIDÍSIMO además, sí!"

Un color le iba y otro le venía a ma iaia, a.c.s.; pero, pero, pero..; ¡eso no fué comparado con su faz después que el arcipreste le contara EXACTAMENTE cuál era el significado del término!

"¡Dios mío!, ¡si se diría que no puede ser!"

-"Pues, ya ve: es, sí..."

-"¡Alguien TAN inteligente, con TANTO mundo!"

¡Oh, sí!; las cosas continuaron más o menos igual. Pero, ya NUNCA más ma iaia, a.c.s., lo miró como si fuese MÁS (¡y menos el MÁS de los más, por supuesto!).

Y, hablaba de él en petit comité con cariño, sí, con muchísimo cariño, pero como si hablase de así como un niño grande con orejeras.

Murió de AIDS hace un par de años {eso sí: le quedó suficiente pasta para resistir durante casi una década recibiendo una cuidadosísima y muy personalizada atención y sin ningún tipo de apuro económico}. Ma iaia, a.c.s., ¡afortunadamente!, NUNCA se lo hubiese imaginado y yo.., yo.., ¡NO me perdí durante mis holidays aquella torre {hoy ya EVAPORADA -en su lugar, my dears, se levantan unos odiosos monstruos de cemento donde, me temo.., NADIE lee un libro JAMÁS-}!

Siempre, en cualquier caso, a su disposición, damas y caballeros.

Jaume de Ponts i Mateu

post scriptum.- naturalmente, mes amis/es, la conversación entre ma iaia, a.c.s., y el arcipreste aludido fué, faltaría plus!, en catalán.