Jack Daniel´s (en tu honor)(parte 2/3)

Subo la vista y nuestros ojos húmedos se encuentran. Sé que apenas nos distinguimos el uno al otro. Sé que contiene esa caja, porque hay una esperándome.

-Vamos (dice con su voz quebrada)

La primera puerta de la derecha está abierta, un sofá verde ocupa la mayoría de la habitación, la cortina cerrada da un aspecto deprimente, huele a humedad a encerrado a amores añejos.
Camina despacio, procura no pisar la ropa que cubre el suelo, enciende una lámpara que no alumbra mucho y crea fantasmas que bailan en las sombras.

-Siéntate.
Su voz es un poco más dura, muevo algunas prendas pero opto por no sentarme, no quisiera mojar su sofá, aguardo de pie y en silencio, bastante tengo en la cabeza para preocuparme por algo más. Vierte agua en un par de tazas, retira algunas cajas y aparece un Horno de microondas como por arte de magia, introduce las 2 tazas juntas.
Sigo la cuenta regresiva por unos segundos, quedo hipnotizado por su pantalón ceñido como si de una segunda piel se tratase, noté sus nalgas carnosas y bien torneadas debajo del mismo.
El microondas suena rompiendo el hechizo, se gira de una manera rápida, en un instante avanza los escasos pasos que nos separan, da un pequeño salto, se abraza a mi pecho con tanta fuerza como si quisiera romperme las costillas, entiendo también la abrazo con fuerza. Trastabillo y caemos, el brazo del sillón se me incrusta en la espalda, recibo un golpe fuerte.
Mis brazos, pierden fuerza, le sirvo para amortiguar el golpe. Se aferra más a mi torso, comienza a faltarme el aliento, pequeñas luces aparecen frente a mis ojos el dolor desaparece.
Entre abro los ojos para encontrarla a horcajadas sobre mí, percibo su aliento, algo caliente baña mi pecho, su sangre…
El miedo hace que intente levantarme rápidamente, solo consigo que la cabeza me retumbe y la herida se me abra de nuevo, gira su rostro hacia mi, veo su nariz sangrar copiosamente.

-Me duele.

Dice y parece no saber qué hacer, pienso que al momento de caer debió chocar su nariz contra mi cabeza. Por experiencia se lo mucho que duele una nariz rota… Con mucho cuidado la muevo, libero mi cuerpo de su peso y trato de ponerme de pie, aún estoy mareado hasta la segunda vez logro incorporarme no sin antes maldecir entre dientes por el dolor de cabeza.

-No te preocupes, déjame revisarte.

Falta luz en este lugar. Con pasos inseguros y tambaleantes regresamos al baño, enjuaga su nariz con agua, por suerte no está rota, solo fue la fuerza del impacto. La pequeña hemorragia nasal cede después de unos minutos y un poco de papel higiénico colocado cuidadosamente.
-¿Y tú donde te pegaste?
-En la espalda.
-Date vuelta déjame revisarte. (Me gira a su voluntad, sube mi playera) Tienes un gran moretón.

Pasa sus dedos sobre mi espalda mi piel responde erizándose.
-Estas mojado.
-Tú también.
Me giro para mirarla a los ojos, tanto mi playera como la suya están empapadas, sin cruzar palabra alguna comenzamos a sacarnos la ropa uno frente al otro y es raro… es como si lo hubiéramos hecho antes, cientos de veces, “bailando” se quita la última calceta, le doy la mano para que se sostenga, junta toda la ropa y la coge entre sus manos.
-Voy a echarla a la lavadora, no tardo.
Camina con paso firme, como si tuviera una misión que cumplir y la cumplirá, pase lo que pase. Eso me hace pensar.

Desnudo con una extraña que también esta desnuda, en un lugar que no conozco, sucio, apestoso… Abro la regadera hasta que sale agua caliente, el cuarto se llena lentamente de vapor que escapa por la puerta abierta, doy un paso para cerrar la puerta , entonces ella entra sosteniendo un par de toallas en las manos, ni ella esperaba que estuviera ahí ni yo que entrara tan precipitadamente, nuestros cuerpos desnudos hacen contacto. Un poco apenados dejamos el roce, me hago a un lado ella entra y entonces cierro la puerta con cuidado.
Cuelga las toallas, juega con las llaves aumenta la temperatura del agua.
-Ven a bañarte.

Extiende su mano hacia mí, la tomo, no encuentro motivos para no hacerlo. Entre los dos formamos una gruesa capa de mugre sin mencionar el olor que desprendemos.
-No acapares toda el agua.

Le digo al oído mientras poso mis manos con gentileza sobre su cadera, la muevo detrás de mí.

-¡Que malo eres!

Y me hace cosquillas en la espalda, me retuerzo un poco y se me escapa una risita.

-Hazte para allá.

Dice en un tono juguetón y siento su cuerpo acercarse al mío, recarga su peso, tengo sueño y me apetece quedarme así un buen rato.

-¿Ya me compartes un poco de agua caliente?
-Sí, perdona.

Es ella quien me toma de la cintura y me mueve, aprovecho para abrazar su espalda, pongo mis manos sobre su abdomen una sobre otra y ella echa la cabeza hacia atrás apoyándose contra mi hombro, posa sus manos en las mías y las hace bajar hasta donde inicia su monte de Venus, mueve su cadera un poco hacia adelante, mi pene aprisionado entre sus nalgas resbala y ese roce es todo lo que necesito para tener una erección, regresa la cadera de nuevo hacia atrás, junta un poco las piernas y el contacto entre nuestros sexos se intensifica.
-Puedo sentirlo palpitar.

Dice con voz picara, no sé si disculparme o bien quedarme callado… veo su cuello vulnerable, le propino un beso a medio cuello y otro justo detrás de su oreja, este último hace que se le escape una risita y mueva todo el cuerpo; su sexo frota al mío, muerdo mis labios para omitir ese gemido, muy tarde… Ha sonado y he movido la cadera un poco más, nuestros sexos se acomodan lo suficiente como para que cualquiera de los dos con un ligero impulso provoque oleadas de placer.
Inhalo-exhalo y eso basta para comenzar a sentirla lentamente envolverme, presiona con fuerza mis manos que la sostienen por la cadera, otro beso en su cuello y somos uno; un pequeño espasmo recorre mi cuerpo desde la espina dorsal hasta la punta de mi pene, retiene su agitada respiración hasta que no puede más y libera un gran gemido acompañado de un calor proveniente de su sexo. Afloja la presión de sus manos y con cuidado aparta su cadera de mí, siento mi pene salir de ella, cada movimiento supera en intensidad al anterior, lanzo un beso furtivo a sus labios, estos lo reciben con una pequeña sonrisa.
Cierra el agua, junta todo su pelo y lo exprime con cierta maestría.
-¿Me pasas una Toalla?

Asiento y se la doy en la mano.

-¿Siempre eres tan callado?

No sé qué responderle ¿que se supone que debo decir? ”Que lindas pecas tienes en la espalda, me gustaría inventariarlas”

-Lo siento, es que me pierdo en tus ojos.
-¿Sabes? No hace falta que me mientas.
-Es lo último que pretendo, solo me cuesta trabajo creer que esto es real… Sé que lo es porque mi mano me duele.
Es delgada la línea entre Dolor y placer. Baja la cabeza y asiente en un lenguaje mudo, pronto no sé si es agua la que escurre de sus ojos o son lagrimas; Uso la toalla que tengo en las manos con ella.

-Ven déjame secarte, no quiero que te resfríes.
Se convierte en mi muñeca de trapo, no hace nada, no dice nada; Mi voluntad dicta cariño, no el del amante. A veces nos corresponde amarlas como pareja, amante, amigo, enamorado e incluso padre. ¿O es que acaso he hecho de más o de menos?

Hacer lo correcto no es siempre lo correcto, todo depende de quien lo mire y no sé si hago lo correcto para ella, para mí, para el “nosotros” de este momento, hace tiempo deje de ayudar de corazón. En contrapunto esa vocecilla en mi interior dice Cógetela hasta que te deje de doler y desaparécete.
La envuelvo con cuidado en una toalla, la consuelo con frases que nada tienen que ver con lo que ha pasado “Que bonito lunar tienes aquí” “Tienes los ojos claros, me los regalas están preciosos” Y funciona me responde con una sonrisa. Digo algunas payasadas, le cuento historias de las cicatrices que tengo bien repartidas por todo el cuerpo les mira con detenimiento, incluso pregunta cuanto me dolieron.

Señala con su dedo en mi espalda.
-Aquí tienes tu moretón.

Me retuerzo mitad dolor mitad exageración, la toalla que traía alrededor de la cintura me resbala, intento tomarla pero solo pierdo el equilibrio manoteo y me sostengo de su toalla que también cae al piso.
Entre risas levanta su toalla y me alcanza la mía.

-Eres un caos.
-Tú haces que me ponga nervioso.

Toca mi nariz con su dedo como si de un botón se tratase, da la vuelta y sale del baño ya en el pasillo me grita “¿te vas a quedar ahí?” Casi de inmediato la alcanzo, regresamos a esa lúgubre sala. De un manotazo tira la ropa al suelo y nos acomodamos despreocupados en el sofá.

-La ropa va a tardar un poco en salir pero no te preocupes sale casi seca.
-Sí, está bien.
-Podemos ver algo de tv mientras esperamos.

Acto seguido la enciende y Nicolás Cage nos dice “no recuerdo si mi mujer me dejo porque bebía o bebo porque me dejo mi mujer” mientras una prostituta le roba su anillo.
-¿Te dieron ganas de beber algo o solo soy yo?
-Me dieron ganas.
Se inclina al otro lado del sofá y mueve algunas cosas

-No la encuentro… Espera.

Gira y veo como mueve las nalgas de un lado a otro el movimiento me atrapa y excita; se agacha y la toalla se le recorre exponiendo el trasero a mi vista, ni siquiera pienso en reprimir la erección que me provoca.

- ¡Aquí esta! Mira.

Extiende su mano; una botella de Jack Daniel´s recién abierta... (continua)
by Kofhy