Cuando era niño creía que se crecía y se encontraba al amor de la vida y se tenía una vida bonita al lado de alguien a quien amar y alguien que a la vez le amase a uno. Creía que eso que sentía en mi corazón, ese sentimiento, ese anhelo, eso que no se explica uno siendo niño, un día ya no estaría más ahí. Creía que eso se desvanecería y diría: "ya no tengo que buscar-te más, estás a mi lado" y creía yo que con ella a mi lado forjaríamos una vida juntos y nos amaríamos, también que pelearíamos, pero que después nos reconciliaríamos... formaríamos una familia y discutiríamos sobre el nombre de nuestros hijos y un día, sin esperarlo, nos preocuparíamos porque de pronto, una noche, deberíamos salir en carrera al hospital con uno de nuestros hijos para luego saber, después de una larga noche en vela, que no era más que una indigestión. Yo creía que encontraría a la persona con la cual compartiría absolutamente todo lo que hay dentro de mi...

Sucede que... después de perder toda esperanza y de tanto creer que el corazón se me hizo de piedra, llego, un día común y corriente, y me doy cuenta que el sentimiento, el anhelo... está ahí, tan intacto como cuando de niño imaginaba que iba a ser feliz con esa persona que entregaría su vida por mi. Y sucede que justo ahí me doy cuenta también que el amor, el odio, la amargura, la felicidad, la indecisión, las ansias... todo está ahí, menos la esperanza.

Todo niño debería cumplir sus sueños cuando es grande... el mío está ahí... sin embargo sé que es eso, sólo un sueño, sin pies ni cabeza. No me da alas... y es que !ay¡ los sueños le dan alas al tardo y al imberbe.