Sacamos nuestra fuerza de nuestros olvidos y de nuestra incapacidad para
representarnos la pluralidad de destinos simultáneos. Nadie podría sobrevivir a
la comprensión instantánea del dolor universal, pues cada corazón no está
encallecido más que para una cierta cantidad de sufrimientos. Hay a modo de
límites naturales para nuestra resistencia, sin embargo la expansión de cada
disgusto los alcanza, y a veces los retrasa! Es a menudo el origen de nuestra
ruina. De aquí deriva la impresión de que cada dolor, cada disgusto, son
infinitos. Lo son, en efecto, pero solamente para nosotros, para los límites de
nuestro corazón. Y aunque éste tuviera las dimensiones del vasto espacio
nuestros males serían aún más vastos pues todo dolor sustituye al mundo y
de cada pena nace otro universo. La razón se atarea vanamente en
mostrarnos las proporciones infinitesimales de nuestros accidentes. Fracasa
ante nuestra tendencia a la proliferación cosmogónica. Resulta así que la
verdadera locura no es nunca debida a los azares o a los desastres del
cerebro, sino a la concepción falsa del espacio que se forja el corazón…

Un alma no se engrandece y no perece más que por la cantidad de lo
insoportable que asume.

Emil Cioran
Anulación por la liberación.