otro posicionamiento es la tesis del "principio antrópico", os la expongo:
EL PRINCIPIO ANTRÓPICO
El “Principio Copernicano”, invocado frecuentemente en la Cosmología moderna, insiste en la homogeneidad del Universo, negando cualquier primacía de posición o propiedades asociadas con la existencia humana.
Toma su nombre de la propuesta de Copérnico (ya anteriormente formulada por Aristarco) de desplazar a la Tierra de la posición central ocupada en el sistema de Tolomeo, aunque tal centralidad se debiese a la falta de paralaje estelar y no a una sobrevaloración de nuestra existencia en el planeta.
El paso siguiente lo dio Shapley hace un siglo, al mostrar que tampoco el Sol ocupa el centro de la Via Láctea. Finalmente, el Universo “finito pero ilimitado” de Einstein niega la posibilidad de encontrar un centro en su volumen tridimensional, y afirma la equivalencia de posición de todos los puntos del espacio. No tiene sentido preguntar dónde estamos en el continuo expandirse de un Universo que contiene probablemente más de 100.000 millones de galaxias, y que vuelve a la insignificancia aun la majestuosa estructura de la Vía Láctea, nuestra ciudad cósmica.
Sin embargo, a partir de la década de los años 30, se da una reacción interesante, que afirma, cada vez con argumentos más fuertes y detallados, que el Hombre está en un tiempo y un lugar atípicos y privilegiados en muchos respectos, que obligan a preguntarnos si nuestra existencia está ligada en un modo especial a características muy poco comunes en el Universo. Esta pregunta adquiere un significado especial al considerar las consecuencias previsibles (según las leyes físicas) de cualquier alteración en las condiciones iniciales del Universo. Con un eco de las palabras de Einstein: ¿tuvo Dios alguna alternativa al crear?. No solamente debemos dar razón de que el Universo exista, sino de que exista de tal manera y con tales propiedades que la vida inteligente puede desarrollarse en él. Tal es la razón de que se formule el Principio Antrópico, en que el Hombre (entendido en el sentido filosófico de “animal racional”, independientemente de su hábitat y su morfología corporal) aparece como condición determinante de que el Universo sea como es.
Las primeras sugerencias de una conexión entre vida inteligente y las propiedades del Universo en su momento actual aparecen en las relaciones adimensionales hechas notar por Eddington: la razón de intensidad entre fuerza electromagnética y fuerza gravitatoria entre dos electrones, entre la edad del Universo y el tiempo en que la luz cruza el diámetro clásico de un electrón, entre el radio del Universo observable y el tamaño de una partícula subatómica, nos da cifras del orden de 10 elevado a la potencia 40. El número de partículas nucleares en todo el cosmos se estima como el cuadrado de ese mismo número. ¿Son éstas coincidencias pueriles o esconden un significado profundo?. La hipótesis de los grandes números sugiere que el Hombre solamente puede existir en un lugar y momento determinado, cuando tales coincidencias se dan, aunque no se avanza una explicación de estas relaciones.
Como la edad del Universo es un factor necesariamente cambiante, o bien se supone que en otra época sería imposible la vida inteligente, o se sugiere el cambio de constantes físicas como función del tiempo para que se mantengan las mismas proporciones. Otra posible alternativa sería utilizar la edad del Universo en un momento crítico de su evolución, en lugar del presente. En cualquier caso no se ve una razón clara para la elección de una propuesta más que otra, y tampoco recibe apoyo experimental la idea de la mutabilidad de las propiedades de la materia (carga y masa de las partículas elementales e intensidad de la fuerza gravitatoria) según envejece el Universo, propuesta por Dirac como parte de un modelo de Universo no-evolutivo.
Dicke, en 1961, hace notar que estas relaciones de grandes números son características de un Universo que se encuentra en una etapa de su evolución que permite la existencia de vida inteligente: solamente después de unos 10 eones (miles de millones de años) hay suficiente abundancia de elementos pesados para que un planeta como la Tierra dé lugar a la complejidad química de la vida y permita su desarrollo hasta el Hombre; la edad no debe ser tan avanzada que no existan estrellas adecuadas para mantener la vida. Lo que hoy observamos está condicionado por la necesidad de condiciones que permitan la existencia del observador: hay una relación casi tautológica que más tarde se conocerá con el nombre de “Principio Antrópico Débil”. Con una paráfrasis sucinta: ya que de ser distinto el Universo actual no existiríamos para observarlo, nuestra actividad de observadores presupone que las condiciones físicas son adecuadas para el Hombre.
Otra nueva exigencia, referida ya a las condiciones iniciales, la hacen notar Collins y Hawking en 1973: solamente un Universo con densidad muy próxima a la crítica
[1] permitirá que se formen galaxias, estrellas y planetas, de modo que un Universo que contiene observadores inteligentes debe ser isotrópico. Y Carter, al año siguiente, elaboró la misma conexión entre condiciones iniciales y nuestra existencia al hacer notar que cualquier variación en los parámetros fundamentales de la materia (densidad, intensidad de fuerzas) llevaría en sus consecuencias calculables a una imposibilidad de evolución hasta el nivel humano. Por tanto, el Universo debe poseer desde su primer instante las condiciones que permitirán su evolución hacia la vida y su realización en algún momento de su historia: es el “Principio Antrópico Fuerte”.[2]
Elaboraciones subsiguientes de Gale, Carr, Rees y Wheeler han subrayado en gran detalle las “coincidencias” que deben darse para que sea posible la existencia de estrellas con duración suficiente para el desarrollo de la vida, para que se sintetice el Carbono y se evite su total transformación en Oxígeno, para que exploten las supernovas que siembran el espacio con los elementos más pesados que el Helio. Todo lo cual depende de los valores iniciales de las cuatro fuerzas y de la masa total del Universo.
Simultáneamente se dan estudios de las características de tipo local, y los hechos “improbables”, o imprevisibles por ley física alguna, que han hecho de la Tierra un planeta privilegiado: coincidencia de radio orbital con la zona habitable alrededor del Sol, masa adecuada para una atmósfera moderada, inclinación del eje y su estabilidad (atribuida a la presencia de la Luna, con el carácter único de su formación), núcleo de hierro líquido y campo magnético subsiguiente, tectónica de placas.
Incluso los episodios de extinción catastrófica aparecen como fortuitos, pero críticos para una evolución que culmina en los mamíferos y en el Hombre. Cualquier modificación en la historia del planeta podría haber dado como resultado su esterilidad vital, o la limitación de formas vivientes.
No es extraño que todas estas consideraciones lleven a un punto de vista muy negativo al evaluar la probabilidad de vida inteligente aun en la inmensidad de la Vía Láctea. El prestigioso astrofísico soviético Shlowskii llego a decir, en un simposio sobre vida extraterrestre, que la aparición de vida inteligente en la Tierra es literalmente “un milagro”, y probablemente un caso único en el Universo.
Resumiendo las diversas formulaciones del Principio Antrópico, podemos aceptar su denominador común: el Universo tiene características, no impuestas por ninguna necesidad física previa, gracias a las cuales es posible la vida inteligente, al menos en nuestro planeta. Si nos preguntamos por la razón de que sea así, aparecen como posibles dos soluciones: o bien nuestro Universo las tiene “por casualidad”, o porque ha sido diseñado para nuestra existencia. Veamos las implicaciones de ambas, con un análisis cuidadoso del significado de cada concepto y de sus consecuencias físicas y filosóficas.
[1] La densidad crítica es aquella que permite una expansión hacia un tamaño máximo, que nunca se alcanza exactamente: define un Universo “plano”. La densidad actual, no conocida con exactitud, pero dentro de un factor de 10 de la crítica, exige un valor casi exactamente crítico en el primer omento.
[2] Con mayor detalle se puede encontrar discutido el tema en el libro de J. BARROW y F.TIPLER, “The Anthropic Cosmological Principle”, Clarendon Press, Oxford 1986.
Si tienes un porqué para vivir encontrarás casi siempre el cómo -Nietzsche