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sigo, sí...
¡Oh, todo un califa en ruta!
Los pueblos salían en masse a recibirlo; aunque él, mes amis/es, NUNCA se paraba... A pesar de ello, de rodillas miraban de lejos sus súbditos la interminable regia caravana..; y, los sacerdotes de la plebs quemaban incienso hasta formar enormes nubes siguiendo al señor de sus vidas y haciendas. Más de una parturienta se adelantó llevada del PASMO de saber que ¡por allá había pasado su soberano! Los versos que los coros infantiles cantaban encaramados a los árboles y a los oteros tenían, yo lo sabía.., la misma cadencia que los que me recitaba, pura música, doña Consuelo, a.c.s., mientras sus manos hacían olas, y olas, y olas...
SÍ: se allanaron picos porque era impensable que el califa tuviese que ir de otra forma que en línea RECTA a su declarado objetivo; y, un ejército de vírgenes especialmente escogidas iba delante de la caravana para sembrar de pétalos de rosa el camino que iba a pisar el camello imperial. Tales exigencias se cumplieron TAN a rajatabla que, finalmente, pudo anunciársele sin temblor alguno al Sucesor del Profeta (que, NO había tenido que moverse para nada de su carroza de oro y perlas preciosas mientras se llegaba a donde él quería; aunque para ello hubiese habido que aplanar mil cordilleras y abatir colosales y altísimos riscos) que allí delante, en aquella miserable y sucia covacha, estaba el sabio que buscaba. ¡Oh!; la IMPACIENCIA del califa por tener respuestas se retrataba en cada uno de los gestos de doña Consuelo, a.c.s., y en cómo daba gracias a Dios Nuestro Señor, el MÁS Clemente y el MÁS Misericordioso, como, nos había dicho un día.., daba gracias aún en el siglo el imán personal del monarca alauí en lo que nosotros/as llamamos "Marrakech".
Sí: el soberano dejó que sus favoritos, después de lamer el suelo que debía pisar, lo recubrieran de pétalos de rosas recién cortadas y que sus heraldos anunciasen a las águilas, los lagartos, las rocas y algún que otro matojo que ni más ni menos que el Sucesor del Profeta estaba allí..; después, se encaminó hacia la entrada. Miró dentro...
SÍ: había alguien.
Los timbales y las cornetas precedieron el séquito... Pero, ¡yo no podré..!, habría que ser doña Consuelo, a.c.s., saber hablar como ella, para que ahora se NOTASE como, de pronto, en seco, se hizo el absoluto silencio y TODOS cayeron de rodillas y hundieron sus narices en el polvo. Todos MENOS el califa; porque él, ¡ah!, siempre miraba a lo ALTO.
Total y absolutamente sorprendido se quedó, claro.
Pero, como algo extraordinario, se decidió a avanzar entre las filas de arrodillados... Hasta que estuvo delante de un viejo REPELENTE, sucio y casi desnudo, que estaba delante suyo, enloquecidamente esquelético, casi indistinguible por la penumbra de aquel repugnante tugurio, así como en la posición de la flor de loto... ¡Ése era el sabio, pensó..!, ¡ni siquiera su supuesta sabiduría le había proporcionado nada digno con que cubrirse delante de su soberano..!, ¡QUÉ podía saber semejante, como mínimo, ignorante del mínimo respeto!
Pero, entonces, una PESTE insufrible golpeó sus califales narices... E, insólitamente, el Sucesor del Profeta rebajó su mirada al suelo... ¡Oh, Cielos!, estaba lleno de EXCREMENTOS..; en aquel preciso momento, el viejo, con un sonido característico...
¡Estaba CAGANDO!
¿Por QUÉ, entonces, me preguntaba imperiosa doña Consuelo, a.c.s., el califa no sale indignado de aquella asquerosa covachuela y manda, como mínimo, quemar al viejo?
¿Por QUÉ, en cambio, ajeno a tanta y tanta ya hasta pútrida MIERDA, el califa ha caído de bruces, enguarrando sus púrpuras y sus joyas de orines y fétidos esputos, y restriega su cara soberana en el polvo, el fango y los mismísimos aún calientes excrementos?; ¿por QUÉ?, ¿eh?
Parbleu!; es que el arrugadísimo culo del viejo estaba, ¡oh!, CINCO centímetros por ENCIMA de la última cagadita que había soltado.
-“¡Oh, sabio entre los sabios!, ¡oh, santo que, sin duda, estás en contacto DIRECTO con el Altísimo!; ten piedad de quien busca la luz entre la obscuridad y, te lo suplico, dí: ¿si las cosas NO tienen solución, deben preocuparme?”
-“Ante mí tengo al amo y dueño de vidas y haciendas..; ¿no es así? NO: son tus ministros los que cuidan de tus haciendas y tus generales los que matan o no; tú, califa, eres alguien a quien Dios Nuestro Señor, el MÁS Clemente y el MÁS Misericordioso, ha decidido FAVORECER. Para tí ha puesto favoritos, para tí ha creado bellísimas mujeres, para tí ha puesto rumorosos estanques, olorosas flores, joyas de ensueño, sedas cuyo tacto enerva hasta el placer infinito, sabroso allanamiento de mil y un esclavas y esclavos a tus más pequeños deseos, manjares exquisitos, libros cuya lectura es un placer de ensueño, palacios infinitos y llenos de oro, de piedras preciosas, de... ¿CÓMO te atreves, miserable descastado, a DESPRECIAR todas estas cosas que el Altísimo a puesto para tí, sólo para tí, dedicando un instante mínimo a otra cosa que GOZAR, como toca y procede, de los regalos de Dios Nuestro Señor, el MÁS Clemente y el MÁS Misericordioso? ¿O, crees, quizá, estúpido imbécil, que tienes algo que Dios Nuestro Señor NO desea que poseas y, por tanto, uses? Va, va, va..; no me INSULTES con la constatación de tu existencia”
-“Nada más lejos de mi intención, ¡oh, santo sabio en, sin duda alguna, contacto DIRECTO con el Altísimo!; pero, te ruego, golpeando mi nariz el duro suelo, que te apiades de este pobre ignorante y dí: ¿si las cosas TIENEN solución, deben preocuparme?”
-“¿Osarías TANTO, ser que vives en el suelo como los gusanos y las ratas? Un imperio, ¡ni más ni menos que un poderosísimo imperio, el MÁS grande y rico del mundo todo! está a tu servicio... Tus ministros esperan de tí CONFIANZA; y, en la esperanza de merecerla, entregan sus energías, su vida y la vida de los suyos. Tus siervos esperan de tí que les dejes SOLUCIONARTE la vida, califa... En ello está su razón de VIVIR. Ellos TAMBIÉN tienen su sitio, ¿o, piensas, acaso, que tú, más que sólo ignorante del todo mentecato, puedes enmendar el plan de Dios Nuestro Señor, el MÁS Clemente y el MÁS Misericordioso; que, ha decidido que NO tengas que preocuparte por las cosas que tienen solución? ¿Piensas, quizá, que tú puedes hacerlo mejor que el Altísimo? Él, ¿no lo ves?, NO lo cree..; ha diseñado un lugar para tí con mucho cuidado, tomándose mucho esfuerzo y mucho tiempo..; lo ha llenado de la absoluta DESPREOCUPACIÓN de los crepúsculos rodeado de tiernas odaliscas en tus villas de verano, de las noches oyendo a tus vates recitando los poemas que has compuesto entre los brazos de tu más querida favorita, de las mañanas desperezándote entre los muelles cojines de tus cómodos lechos califales, de tardes maravillosamente infinitas recorriendo con los amigos que te aman como a su vida los jardines donde tus mujeres bailan para tí y tus esclavos te enseñan los diamantes, los rubíes, las cegadoras esmeraldas que continuamente pulen los orfebres de tus talleres, de... ¿CÓMO te atreves, miserable descastado, a DESPRECIAR todas estas cosas que el Altísimo a puesto para tí, sólo para tí, dedicando un instante mínimo a otra cosa que GOZAR, como toca y procede, de los regalos de Dios Nuestro Señor, el MÁS Clemente y el MÁS Misericordioso? ¿O, crees, quizá, estúpido imbécil, que tienes algo que Dios Nuestro Señor NO desea que poseas? Va, va, va..; no me INSULTES con la constatación de tu existencia”
-“Nada más lejos de mi intención, ¡oh, santo sabio en, sin duda alguna, contacto DIRECTO con el Altísimo!; pero, te ruego, golpeando mi nariz el duro suelo, que te apiades otra vez de este pobre ignorante y dí: ¿QUÉ debe preocuparme?”
-“¿A tí, califa? ¿Me preguntas QUÉ debe preocuparte a TÍ, Sucesor del Profeta? Quizá, si insistes, te diré que lo ÚNICO que debería preocuparte es QUÉ te lleva a seguir, con tu presencia aquí abajo, reptando por el repugnante suelo, INSULTANDO a este viejo perdido entre los riscos de las montañas, en una sucia y maloliente covachuela mientras, con ello, DESPRECIAS que Dios Nuestro Señor, el MÁS Clemente y el MÁS Misericordioso, tiene en este instante para tí baños de esencias perfumadas en su temperatura ideal y eunucos persas expertísimos en masajes deliciosamente relajantes, que ha hecho que un parterre de margaritas estén abiertas en clamor esperándote, que tiene a esta favorita que TANTO te desea pensado en tí mientras se acaricia imaginando tus manos.., ahora absurdamente TAN lejos.., sus, ¡oh!, fascinantes, calientes, ardientes manos..., su cuerpo delicado y tierno.., su... ¡Oh, miserable que vives aquí abajo como los gusanos y las serpientes!, ¿QUÉ pretendes al seguir DESPRECIANDO los dones que Dios Nuestro Señor, el MÁS Clemente y el MÁS Misericordioso, en absoluta justicia, ha decidido darte a tí, sólo a tí, y, en cambio, ha sido su inescrutable deseo le sean NEGADOS uno a uno a quien, por mucho que los haya anhelado, pedido, rogado, SUPLICADO, a diferencia de tí, rata de la tierra, está ya CINCO centímetros por ENCIMA de su propia mierda? Va, va, va..; no me INSULTES con la constatación de tu existencia”
Siempre, en cualquier caso, a su disposición.
Jaume de Ponts i Mateu
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