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Hola Gina, salud. Interesante tema.
Aqui te dejo un trocito de John Wesley, espero que te guste.
Si bien todos los hombres creen que las opiniones que aceptan son verdaderas (puesto que el creer que una opinión es falsa es lo mismo que rechazarla) sin em­bargo, nadie puede estar seguro de que todas sus opiniones, en conjunto, sean verdaderas. Al contrario, todo hombre que piense, sabe que no lo son, puesto que: (humanum est errari et nescire) es propio de la naturaleza humana equivocarse en algunas cosas e ignorar muchas. Comprende esto muy bien y sabe que está equivocado en algo, si bien no sabe-y tal vez no le sea dado saber-en qué.
Todo hombre sabio, por consiguiente, permitirá a to­dos los demás la misma libertad de pensamiento que desea para sí. No insistirá en que acepten sus opiniones, como no desearía que los demás insistiesen en que él aceptase las su­yas. Tiene paciencia con los que piensan de otro modo, y sólo hace esta sencilla pregunta: "¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo"
¿Es tu corazón recto para con Dios ¿Crees que existe, que es perfecto, eterno, inmen­so, sabio, poderoso, justo, misericordioso y verdadero ¿Crees que "sustenta todas las cosas con la palabra de su potencia," y que gobierna las cosas más ínfimas y pequeñas para su gloria y el bien de los que le aman ¿Tienes la evidencia di­vina, una convicción sobrenatural de las cosas de Dios ¿An­das "por fe y no por vista," mirando no a las cosas temporales, sino a las eternas
¿Crees en el Señor Jesucristo, Dios sobre todas las cosas, bendito para siempre ¿Se ha revelado a tu corazón ¿Conoces a Jesucristo, y a Cristo crucificado ¿Mora El en ti, y moras tú en El ¿Gobierna El tu corazón por medio de la fe ¿Has renunciado por completo a todas tus obras, to­da tu justicia, y te has sujetado a la justicia de Dios por me­dio de la fe en Jesucristo ¿Eres hallado en El, no teniendo tu justicia, sino la que es por la fe ¿Estás peleando la bue­na batalla y echando mano de la vida eterna por medio de El
. ¿Está tu fe llena de la energía del amor ¿Amas a Dios no digo sobre todas las cosas (la cual expresión es am­bigua y antibíblica) sino "de todo tu corazón, y de toda tu mente, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas" ¿Buscas en El toda tu felicidad ¿Magnifica tu alma al Señor, y se rego­cija tu espíritu en Dios tu Salvador continuamente Habien­do aprendido a dar gracias en todo, ¿te es agradable y placen­tero el ser agradecido ¿Es Dios el centro de tu alma, el con­junto de todos tus deseos ¿Estás, pues, haciéndote tesoros en el cielo y considerando las cosas mundanas como estiércol y basura ¿Ha podido el amor de Dios expulsar de tu corazón el amor del mundo Entonces estás crucificado al mundo; estás muerto para todo lo que hay aquí abajo y tu vida está escon­dida con Cristo en Dios.
¿Haces la voluntad de Aquel que te envió y no la tuya, la de Aquel que te envió a vivir aquí por algún tiempo, a pasar unos cuantos días en un país extranjero hasta que, habiendo concluido la obra que te dio a hacer, puedas volver a la casa de tu Padre ¿Es tu comida y bebida el hacer la vo­luntad de tu Padre que está en los cielos ¿Es tu ojo sencillo en todas las cosas, siempre fijo en El, mirando siempre a Jesús ¿Señalas hacia El en todo lo que haces, en tu trabajo, en tus negocios, en tu conversación; buscando en todo sólo la gloria de Dios, y todo lo que haces, sea de palabra o de hecho, lo ha­ces en el nombre del Señor Jesús, "dando gracias al Dios y Padre por él"
¿Te constriñe el amor de Dios a servirle en temor, a regocijarte en El con reverencia ¿Tienes más temor de dis­gustar a Dios que de la muerte y del infierno, y hay algo más terrible para ti que ofender los ojos de su gloria ¿Te impul­sa esto a aborrecer todos los malos caminos, toda trasgresión de su ley santa y perfecta, y por esto procuras tener siempre "conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres"
¿Es tu corazón recto para con tu prójimo ¿Amas a todo el género humano, sin excepción alguna, como a ti mismo "Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis" ¿Amas a tus enemigos ¿Está tu alma llena de buena volun­tad, de ternura para con ellos ¿Amas aun a los enemigos de Dios, a los malagradecidos e impuros ¿Se compunge tu co­razón por causa de ellos ¿Te podrías hacer "maldito" por un tiempo en bien de ellos ¿Y demuestras esto, bendiciendo a los que te maldicen, y orando por los que te aborrecen y te persiguen
¿Demuestras tu amor con tus obras ¿Haces bien a todos los hombres, según tienes tiempo y se te presenta la opor­tunidad, y lo haces a tus prójimos y a los extraños, a tus ami­gos y a los que no lo son, a los buenos y a los malos ¿Les haces todo el bien que puedes, procurando satisfacer sus necesida­des, ayudándoles en cuerpo y alma hasta donde te alcancen tus fuerzas Si te portas de ese modo, si aun siquiera deseas conducirte así y procuras adelantar continuamente, entonces que te digan todos los cristianos: "tu corazón es recto, como el mío lo es con el tuyo."
"Pues que lo es, dame la mano." No quiero decir con esto: "Acepta mis opiniones." No es necesario. No lo espero ni lo deseo. Tampoco quiero decir: "Acepto tus opinio­nes." No lo puedo hacer. No depende de mí. Más fácil me se­ría dejar de oír. Sigue firme en tus opiniones, que yo seguiré firme en las mías. No hay necesidad de que procures persua­dirme a que acepte tu modo de pensar. No deseo discutir, oír, ni decir una sola palabra sobre estos puntos. Dejemos todas es­tas opiniones a un lado. Sólo te pido que me des la mano.
Quiero decir, primeramente, ámame. No sólo como amas a todo el género humano. No únicamente como amas a tus enemigos o a los enemigos de Dios, a los que te aborre­cen, a los que te vituperan y te persiguen. Ámame, no como a un extraño de quien no sabes nada de bueno ni de malo. (esto no me satisface) Si tu corazón "es recto con el mío, como el mío lo es con el tuyo," entonces ámame con un cariño muy tierno, más que a tu propio hermano, como a un hermano en Cristo, como a un conciudadano de la Nueva Jerusalén, co­mo a un compañero en el ejército, que pelea bajo el mismo Capitán por la salvación de las almas. Ámame como a un compañero en el reino y la paciencia de Jesús, como a un coheredero de su gloria.
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