Primero de todo, buenos días. Agradezco mucho tu comentario y el interés.
Se me había ocurrido esa idea pero era demasiado extenso para subirlo de una vez, así que lo dividiré para que podáis leerlo con toda seguridad. Muchas gracias a todos los lectores, y más aún si me hacéis saber vuestras impresiones y críticas. Saludos!
Aquel Verano...
La vida es un periodo relativamente corto, intenso, y sobretodo incierto. Pasamos distintas épocas, en las cuales vamos evolucionando y vemos las cosas de otra manera, recriminando la anterior perspectiva, y a su vez, considerando sus viejas ventajas. El estereotipo de padre regañando a su hijo, de que ya valorará más los estudios cuando crezca, el abuelo cuando comenta sobre la juventud de hoy día. Sin embargo, todos, sin excepción, han tenido una etapa, en la cual, han podido experimentar una felicidad excesivamente afable, cálida, donde nuestro alrededor se consume, y solo queda aquella persona por la cual sientes esa sensación. Son unos momentos que, por mucho que madures, recordarás toda tu vida, y lo llevaras plasmado dentro de ti, en lo mas hondo de tu ser, hasta el fin de los días.
Algunos lo han llamado amor, -término que actualmente usan muchos jóvenes, y no tan jóvenes, indebidamente- otros lo relacionan a una “pesadilla”, e incluso los hay que lo han definido como: “la trampa que nos impone la naturaleza para que no nos extingamos”.
Si bien me paro a explicar todo esto, no es para dar la imagen de erudito, o de filósofo, si no, porque es algo con lo que todas las personas estamos relacionados. Quizá hay gente que no ha experimentado tal grata felicidad de sentir la perfección de nuestro mundo, que cambia radicalmente nuestra visión de la vida, y que queda grabado en nuestras cabezas hasta nuestra vejez, o simplemente la causa de esa gran sensación sea el dinero -que haya ganado una lotería por ejemplo- o tal vez lo siente por algún familiar o incluso amigo. Lo que si es cierto, es que, si realmente has sentido la esencia del “amor”, todo aquel mundo que una vez te cubría, esos recuerdos, todo... permanecerán en tu lóbulo frontal -parte donde se sitúan las emociones y sentimientos en nuestro cerebro- hasta que tu corazón deje de latir.
Insisto mucho en este tema, porque muchas veces, es lo que nos empuja a ver la vida desde otro plano, lo que nos permite disfrutarla y sacarle todo el jugo, esos momentos que repetirías una, y otra vez con aquella persona -u objeto en otros casos- y que recuerdas humildemente y con cierta nostalgia, a pesar de que lo guardes para ti y lo niegues a tu alrededor, independientemente de si salió bien o mal aquella eventual historia.
Mi nombre es Fernando García Morales, tengo 32 años y actualmente vivo en Barcelona, acompañado de una magnífica mujer y dos hijos maravillosos. Mi mujer tiene la misma edad que yo, y se llama Lucía Gómez Moreno, y mis dos hijos son Eric, de 13 años, y Rocío de 7 años.
Tengo un negocio el cual llevo junto con mi mujer, que estudió un máster de Dirección y Organización de Empresas en la Universidad Politécnica de Cataluña. Mi ciudad natal es la isla de Ibiza, allí estudié el bachillerato y conocí a mi actual mujer -estudiamos juntos en la misma clase-estuve trabajando para el Consell durante 5 años, y con esos ahorros, empecé este pequeño negocio de comida rápida de la franquicia Mc Donald.
Ahora mismo me considero un hombre feliz y afortunado, pero todo humano tiene una historia, una transición que diferenció dos grandes etapas...
Aquel amor que no olvidamos, aquella historia que jamás nombramos, y siempre nos acompaña.
La intensidad de aquellos días, la montaña rusa de los sentimientos, emociones, decepciones...






Responder Citando