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Releyendo hoy a ese incomparable pedagogo que es Pafnucio -ya se sabe, el de Lagash-, me acordé de repente de un individuo que conocí. Y pensé que antes de avanzar en mis reflexiones sobre las falacias, bien valía recordar una anécdota del hombre.
El tío se llamaba Argimiro, sacerdote educador, concurrió algunas veces a darnos clase y asistencia espiritual al convento donde pasaba mis días por entonces.
Tenía, claro, su particular método instructivo, como por ejemplo señalarnos que "Si alguien me convence...¡a mí!..., en este momento..., de que Dios no existe... ¡a mí!..., saco la 45 y me pego un tiro". Ante lo cual uno, naturalmente, se quedaba pasmado, porque no era que el tipo decía "busco" la 45, sino "saco". Pero bueno..., métodos.
En alguna oportunidad, en sus alambicados procedimientos demostrativos, nos demostró porque existe la Iglesia Católica. Decía el buen hombre, que en las catacumbas romanas, bajo el Vaticano, hay una piedra con una flecha grabada hacia abajo, que dice "Hic es Petrus" o algo así -anda flojo mi latín-, lo que quiere decir "Aquí está Pedro". Y como Jesús dijo -continuaba el demostrante-, que sobre esta Piedra -Petrus- construiré mi iglesia, allí se construyó el Vaticano: sobre Petrus, Piedra.
Me quedé un rato recordando esto, y me dije que las verdades más profundas, están delante de los ojos. Solo nos hace falta un Argimiro, seguramente descendiente de Pafnucio, para que las veamos y logremos determinar lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo. Suerte haber tenido pedagogos así.
Chau
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