En honor al amigo, seré breve dijo Alfredo Palacios en la cámara de diputados y sacó unas cien páginas que comenzó a leer con su parsimonia habitual.
Pero nó, trataré de serlo.
Encontré, como decía por otro lado, el "Tratado sobre Sofismas Políticos" de don Bentham, y repasándolo me di cuenta que los sofismas superan por largo las cosas políticas, están en todos los aspectos de la vida.
Un sofisma no es un error, en el que todos caemos naturalmente, aunque naturalmente no todos los asumamos. El sofisma es argumentativo, gira alrededor de una opinión, se nutre de aspectos que giran sobre la opinión, pero ni es una opinión ni es capaz de discutir la opinión a la que se dirige: busca inhabilitarla, denostarla. No le interesa, en realidad, proponer una opinión frente a aquella, que bien puede ser que sea equivocada. Pero ni así, porque normalmente, también, el sofista no tiene argumentos para sostener una opinión propia, fundada y, quizá, más valedera.
En este método, el sofista usa hasta supuestas verdades institucionalizadas por quien sea, le preocupa poco, porque su único objetivo es demeritar, no acercarse a lo que pueda ser verdad.
Don Bentham, sospechoso él desde luego, se ocupa del tema con una claridad envidiable, y propone agrupar los sofismas en cuatro grandes grupos: a) los sofismas de autoridad , acreditando algunas autoridades propias o restando autoridad a su contrario, b) los sofismas de peligro, advirtiendo sobre los peligros que implica cualquier opinión de su contrario, c) los de dilación, normalmente sugiriendo que sí, con algunas correcciones tal como se está se está bastante bien, o sea el "quietismo", y d) los sofismas de confusión, habitualmente encarrilados a descarrilar los ejes de las opiniones contrarias.
Es muy útil el librito, lo recomiendo, y en aras de dejar tranquilo al amigo, pasaré por esta noche a otras reflexiones sobre soberanía alimentaria que me urgen, pero me prometo que continuare. O sea, continuará. Para mí, claro.
Chau