Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo
estas vísperas, son las de después.

A este ruido, tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón, podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos no lloran más por ti.




Ha estado aguardando desde hace mucho una señal, esconde celosamente el
mapa que le otorgaron, el laberinto ha sido modificado, el minotauro ya solo
ruge de soledad, se le acabo la ira al enfrentar a tanto perdido, encontrar la
salida ha dejado de ser una alternativa.

Por un momento se permite fijar al cielo, como le indicaron pero las
respuestas no están en él, termina de limpiar la lanza que la batalla ha
mellado, el escudo apenas se sostiene, el solo evento la regresa a la
realidad, debe presentar batalla dentro de poco, cuando lo único que desea
es un tiempo fuera del campo de batalla.

Lleva tiempo madurando la idea de escapar, empezar a tener otra vida, otro
tiempo, un nuevo destino, agazapada anhela los campos desiertos y la tibia
cueva, sueña hasta la madrugada con dejar atrás todo, llevarse a la pequeña,
construir nuevos puentes, visitar otras islas, tener en la nariz nuevos mares
y en la boca el sabor de la paz.

Afuera la noche ha llegado, las sombras están exterminando la fina luz que se
filtra entre las ramas, cierra los ojos, a su mente regresa el mausoleo
blanquísimo, el mármol frio contra su afiebrada frente, casi puede tocarlo,
permite entonces que la melancolía le invada, los recuerdos le invaden,
cobijándola.

Azrahel le enseño que el que se despide siempre regresa, todo este tiempo
ha huido de las despedidas, bien los dioses sentenciaron que debe asumir
esta que se anto9ja dolorosa, siguiendo el viejo rito, se obliga a marchar
recoge el escudo que le pesa cada vez más, empuña la espada, regresa a
ese campo donde ha dejado todo por un sueño ajeno.