El que haya querido los otros días, los malos, los de los ataques de gota o los
del maligno dolor de cabeza clavado detrás de los globos de los ojos, y
convirtiendo, por arte del diablo, toda actividad de la vista y del oído de una
satisfacción en un tormento, o aquellos días de la agonía del espíritu,
aquellos
días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio
de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al
paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura
con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y
llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya
querido aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días
normales y mediocres como el de hoy
; lleno de agradecimiento se sentará
junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el
periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha
erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en
política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia
especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira
enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre
y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo
y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de
tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor
tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y
adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que
entona el salmo amortiguado. "


Hermann Hesse
El lobo estepario (fragmento)