muchos congeneres tuyos pasa por mexico......
por que cd. pasaste a e.u.

Con perros bravos cazan indocumentados hondureños en EEUU
Miércoles 12 Septiembre 2007
* El viernes, la cifra de deportados podría rebasar los 23,000


Doña Felicia Rodas abraza a su hijo Héctor Rodas Sierra cuando salía del Centro de Atención al Migrante Retornado.
TEGUCIGALPA.- En medio de la oscuridad nocturna y el murmullo de los insectos, numerosos agentes del Departamento de Migración de Estados Unidos, llevando furiosos canes, realizaban un operativo de rutina en la frontera con México, mientras cientos de indocumentados de diversas nacionalidades, se escondían en los matorrales, para evitar que los detuvieran, en espera del mejor momento para cruzar el río Bravo.

En ese momento se escuchó el grito de uno de los agentes: "Allí están", al tiempo que los inmigrantes comenzaron a correr y de repente otro "migra" les advirtió: "Si siguen corriendo soltamos a los perros", lo cual fue suficiente para dejarse capturar.

Así comenzaron su relato los hermanos Wendy (23) y Héctor Sierra Rodas (26), dos indocumentados hondureños que ayer arribaron al aeropuerto internacional Toncontín, a bordo de uno de los aviones que a diario envía el gobierno estadounidense repleto de deportados, tras permanecer más de 20 días en una cárcel de la ciudad de Houston, en Texas.

Al igual que ellos, ya son miles de connacionales los que han sido retornados de Estados Unidos, pero muchos rápidamente emprenden de nuevo el trayecto de regreso al país del Norte, en cuyo territorio acarician alcanzar algún día la felicidad o el bienestar propio y el de sus familias, basándola en los dólares que podrían ganar allá y enviar a Honduras.

A diferencia de muchos compatriotas que diariamente llegan deportados a la terminal aérea capitalina, los Sierra Rodas tuvieron la suerte de ser recibidos por su madre, Felicia Rodas (47), y su hermana, Sulma Yessenia (31), para posteriormente trasladarse a su casa, en la colonia Iberia, en Comayagüela.

Ambos comentaron que es la segunda vez que tratan de alcanzar el llamado "sueño americano", con la diferencia que Héctor, en su primer intento, logró entrar al país del Norte y permanecer allí un año, donde laboró en un taller de pintura automotriz, devengando 300 dólares semanales.

Wendy no tuvo la misma suerte debido a que en su primera "travesía" fue capturada por las autoridades migratorias de Estados Unidos y deportada a Honduras, después de estar un tiempo prisionera en un "corralón".