Las estadísticas (porque, ¡evidentemente!, una cosa son las estadisticas, otra los análisis estadísticos y otra, ¡por supuesto!, dar por estadísticas lo que dicen no más algunos vecinos) son DATOS. Punto pelota. La realidad se sustenta en DATOS. Es lo que la diferencia de la alternancia: ésta, chérie, se basa en suposiciones. ¡Ah!; en las llamadas "democracias" hay leyes que permiten, a quien se lo paga con pasta de curso legal, digamos que vivir alternativamente; pero, tal cosa no convierte la realidad en alternancia ni la alternancia en realidad. Para nada.
Por ejemplo: el espejismo que pretende puede ser una forma de sanear cuentas ¡hacer deudas no para pagar deudas sino para tener más deudas! y tiene al consumo por un input NO necesariamente ligado a capital en mano para consumir. Eso SÍ es un universo alterno.
Otro: yo sé desde que ma iaia, a.c.s., mirándome como NUNCA me miraba, me contestó a una estupidez mía de púber fastasmón {NUNCA más nadie ha tenido que repetírmelo; y, jamás he cometido la inexcusable torpeza de olvidarlo} que NADA es tan cierto como que, si tuviesen que parir los hombres, la especie humana NO existiría; y, si los hombres hiciésemos el trato de que pariríamos con las mujeres, nacería el primer hijo pero NO el segundo porque los hombres, COBARDES al máximo, NO tendríamos lo que hay que tener para cumplir el trato acordado. Pasar por alto que la inmensa mayoría -si es que, en definitiva, no todos los miembros de sexo masculino de la especie humana- seguimos con la nariz pegada al suelo, incapaces de atrevernos siquiera a mirar hacia el inalcalzable lugar de las damas en el orden de las cosas porque nos sabemos, parbleu!, TAN indignos de él como el pecador de siquiera el polvo que pisan las divinas sandalias del Creador allá en el cosmos célico es, también, una forma de masturbarse con universos alternos.
Pero, ¡NO las estadísticas, por favor!
Otra cosa es, por supuesto, que se quiera ver lo que hay o que no se quiera ver.
Con estadísticas o sin ellas.
No sé yo si, en mi torpeza habitual, logro explicarme como es debido...
Siempre, en cualquier caso, a sus encantadores pies, mi muy querida, estimadísima María.
Jaume de Ponts i Mateu





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