"La habilidad y la constancia son las armas de la debilidad.

Los hombres son tan simples, y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar.

Los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos; porque el ver pertenece a todos, y el tocar a pocos. . . El vulgo se deja siempre coger por las apariencias. . . Y en el mundo no hay sino vulgo.

Divide para reinar.

Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.

Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse.

Los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio".