Restos orgánicos (desechos de mi alma)
El señor del teléfono
Hoy es un día triste, de lágrimas cansadas y corazón en puño.
Se ahoga aquella sensación de motor apagado
que chirría a cada sacudida de dolor,
resistiéndose al sometimiento de los estímulos físicos.
Y érase una vez, un hombre de cabeza hirsuta, de halitosis de cuello vuelto
y de colgajos grandes como cabeza orgullosa.
Las ideas sucias, el orden lejos y los hijos dentro.
Y la mala leche caminando por la línea vacía.
¿Otra vez llorando?
¡Pesada!