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roberso
PARIENTES ANTAGÒNICOS
Muchas personas sienten curiosidad por el extaño fenòmeno de los antagonismos familiares. No me refiero al antagonismo entre dos familias, lo cual, si bien tambièn tiene una explicación, no nos llama tanto la atención. Nos vamos a ocupar del antagonismo dentro de una familia, hecho que desconcierta sobremanera, y màs cuando los protagonistas de estos antagonismos crean un verdadero caos dentro de la familia.
En otras oportunidades les he mencionado que generalmente, insisto, generalmente los espìritus trabajan por su progreso en grupos afines. ¿Què còmo es eso? ¡Veamos!
Ustedes tienen un grupo de amigos. Estudian con ellos. Se divierten con ellos. Sus ratos buenos, asì como los ratos malos, los comparten con ellos. Se solidarizan entre todos, para todo. Sus confidencias las comparten con ellos, etc.
Asì hay grupos de espìritus, que por afinidad siguen trabajando juntos en el plano terrenal, una vez reencarnados. Una y otra vez. Llega a tal punto el acostumbramiento entre ellos, que eso es lo que hace que en una familia de vivientes exista armonìa entre sus componentes.
Reencarnan una y otra vez en el mismo grupo familiar, con diferentes grados de parentesco.
Nuestro padre de hoy, pudo haber sido nuestro hijo en una vida anterior. Nuestra hermana de hoy, pudo haber sido la madre de ayer. La esposa de hoy, pudo haber sido la tìa o la abuela de ayer.
¿Se dan cuenta? El parentesco de hoy es carnal. El ùnico parentesco espiritual es la hermandad.
¡Ahora bien! Ustedes preguntaràn: ¿Si todos los espiritus son hermanos, por què no se tratan como tales? Esos son gajes de la imperfección humana.
¿Cuàl es la extrañeza, cuando usted observa que dos hermanos carnales, se tratan como perro y gato? Y lo que es màs lamentable: Madre e hija, que se tratan como perro y gato.
Asì como generalmente, y recalco esto de generalmente, progresan trabajando juntos en un mismo grupo familiar, de cuando en cuando, por razones de progreso espiritual, y por Ley de Causas y Efectos, propone a dos espìritus antagònicos trabajar en una misma familia para limar asperezas del pasado, y èstos aceptan la prueba. Solamente para limar algunas asperezas del pasado, y nada màs indicado que reencarnen como padre e hijo, o madre e hijo ya que siendo un vìnculo tan cercano, y el màs importante dentro del hogar, el antagonismo sea menos insoportable tanto para el uno como para el otro.
Conozco el caso de madre e hija, que en lugar de tales, parecen dos enemigas. La una anda como gata brava, con las uñas afuera, y la otra anda como perra brava, con el lomo erizado, y mostrando los dientes, lista para morder.
La una està pendiente de lo que dice o hace la otra para inmediatamente criticarle o censurarle.
La otra anda en las mismas actitudes. Las dos viven amargadas y discutiendo entre ellas. Se acusan mutuamente con parientes y amigas.
La una quiere màs a sus amigas que a su madre. La otra quiere màs a parientes menores que a su propia hija.
Lo lamentable de esto es que si esos dos espìritus no terminan con ese antagonismo en esta vida, (ya poca, por cierto), habràn perdido la oportunidad de una vida corporal para progresar eliminando ese odio del pasado, vaya usted a saber por què causa. De nada les habrà servido la oportunidad de una reencarnación. Tendràn que invariablemente repetir la prueba en una pròxima vida fìsica. Quizàs con la ùnica variante, que la madre de hoy sea la hija del mañana, a ver si asì les va mejor en la prueba y la pasen exitosamente.
¿Què tampoco lo lograràn? Si eso sucediera. ¡Nada! Tendràn que seguir intentando hasta que se quiten esa piedra del camino evolutivo, ¡las dos! No habrà otra salida.
En una oportunidad, en una sesiòn de investigación, el espìritu de la que habìa sido en su ùltima vida fìsica, la educadora chilena Gabriela Mistral, nos narrò unas cuantas de sus vidas anteriores para que nos dièramos cuenta de còmo hay algunos espìritus antagònicos reencarnan emparentados en una familia.
En una de esas vidas, nos contaba que habìa reencarnado en España en la època de la conquista.
Que siendo un varòn, joven aùn, fue enviado a las colonias americanas como asistente de un administrador. Este tenìa como cincuenta años y era enfermizo. El, por el contrario, tenìa menos de treinta, era saludable y eficiente en su trabajo.
Ese trabajo era tomado muy en consideración por los supervisores españoles, y ese fue el motivo para que en el administrador se despertaran unos celos terribles, ya que temìa que su asistente le llegara a quitar el puesto.
Urdiò un obscuro plan e inventò un fraude y asì tener un justificativo para sacar al asistente de su lado, y lo logrò. Lo enviò encadenado a España, a podrirse en un calabozo. Màs adolorido moralmente que enfermo, muriò a los pocos años.
Al desencarnar, conservò en el espacio esa amargura y el rencor por esa injusticia, y siguió odiando al que le habìa causado ese daño.
Al desencarnar su perjudicador, y llegar al espacio, siguió pero con mayor fuerza el odio a su perjudicador. Se le explicò, y èl averiguò el por què, y fue porque èl estaba comprometido con esa expiación al reencarnar en esa vida. Comprometido estaba con la Ley de Causas y Efectos.
El lo aceptò, pero no lograba perdonar al que le habìa hecho daño, ya sabiendo que èl sòlo habìa sido un instrumento que aprovecharon para su expiación.
El ex administrador, tambièn seguìa odiando al joven que perjudicò por celos de trabajo, ya que después de muerto el joven perjudicado, le descubrieron el fraude en el que habìa involucrado al joven, y èste, el administrador, finalmente terminò tambièn sus dìas en un calabozo.
Como el odio era intenso y mutuo, fueron recomendados para que reencarnaran como padre e hijo. Durante esa vida fìsica el hijo, (el joven de ayer), sufriò mucho, y todo el mundo notaba que el padre, (el administrador de ayer), trataba con odio a su hijo.
El hijo supo soportar al mal padre, cumpliendo con sus deberes de buen hijo.
Al llegar al espacio nuevamente, se encontrò que èl, (el joven de ayer), habìa pasado exitosamente la prueba, y ahora con dolor, se enteraba de que el que habìa sido su padre no habìa pasado la prueba. Se habìa quedado estacionado, mientras que el joven habìa progresado.
Mucho cuidado con esos antagonismos familiares.
Pròximo escrito en este mismo tema: ¡ESOS NIÑOS PRODIGIOS!