Habitat
Donde pisaba el caballo de Atila
no volvía la hierba a crecer.
No está mal.
Pero
allí donde pisa el imbécil verdadero
sólo crece
asfalto
cemento
tecnología
y dolor.
Pisará más tarde ese cemento
el resto de nuestra estirpe.
Arrastrando nuestras feas bolsas de ADN
aspirando y expirando aire
deglutiendo y defecando materia orgánica
con aires de saber qué está pasando
con expresión de saber qué estamos haciendo
los imbéciles anidaremos
en nuestro nuevo infierno creado a medida.
Ocho horas diarias de dedicación a tareas absurdas
cuidarán bien de que esa rara chispa de cordura
que destella alguna vez en toda mente
aparezca cada vez
a intervalos menos frecuentes.
La imbecilidad es a veces
no sólo
hereditaria y estacionaria.
También es
degenerativa.
Parece ser ese nuestro caso.
Sergi Puertas

