Elizabet, si los mandamientos de Dios fueron “cambiados en mentira”, entonces estás acusando a Dios de haber permitido que su propia Ley fuera corrompida sin solución durante siglos. Pero Jesús no dijo que la Ley era mentira. Dijo: “No he venido a abolirla, sino a cumplirla” (Mateo 5:17). ¿Y cómo se cumple algo que es falso? No se puede. Así que tu argumento se cae antes de empezar.
Los profetas no denunciaron la Ley de Dios. Denunciaron a los que la violaban y la reemplazaban con tradiciones humanas. Jesús hizo lo mismo: “Ustedes invalidan la Palabra de Dios por su tradición” (Marcos 7:13). Pero nunca dijo que los mandamientos del Padre eran mentira. De hecho, los reafirmó. ¿O tú crees que cuando dijo “no matarás” y “no adulterarás” estaba corrigiendo a Moisés? No. Estaba profundizando su sentido.
Y si Jesús es Dios mismo, ¿por qué oraba al Padre, decía “el Padre es mayor que yo” (Juan 14:28), y confesaba no saber el día ni la hora, solo el Padre lo sabe (Marcos 13:32)? ¿Dios ignora algo? ¿Ora a sí mismo? ¿Se somete a sí mismo? Tu fórmula trinitaria no resiste ni tres versículos seguidos.
Jesús enseñó los verdaderos mandamientos, sí. Pero no los inventó en el siglo I. Los confirmó, los vivió, y los explicó. Y si tú crees que todo lo anterior fue mentira, entonces no estás defendiendo el Evangelio. Estás acusando a Dios de haber fallado durante milenios. Y eso, Elizabet, no es fe. Es presunción.

