Pues tú no predicas los mandamientos de Jesucristo enseñados en el Evangelio y que mandó guardar para entrar en la vida.
Printable View
Pues tú no predicas los mandamientos de Jesucristo enseñados en el Evangelio y que mandó guardar para entrar en la vida.
Buenas, Junjo.
Si enseñar contradice a Dios, entonces explícame por qué Jesús mandó “enseñarles a obedecer todo lo que les he mandado” (Mateo 28:20). ¿O ahora resulta que el mandato de enseñar solo aplica si no usas la palabra “enseñar”? Porque si enseñar es pecado, entonces los apóstoles vivieron en contradicción permanente.
¿Que maestro solo es Dios? Correcto. Pero también es cierto que Jesús dio “dones en forma de hombres: unos como apóstoles, otros como profetas, otros como evangelizadores, y otros como pastores y maestros” (Efesios 4:11). ¿O vas a borrar ese versículo porque no encaja con tu argumento?
Y sobre predicar: los testigos de Jehová predicamos el Evangelio del Reino todos los días, casa por casa, sin cobrar, sin espectáculo, sin política. Si tú crees que predicar es repetir frases sin contexto bíblico, entonces no estás predicando. Estás recitando.
Así que no, Junjo. No estoy contradiciendo a Dios. Estoy contradiciendo tu interpretación. Y si eso te incomoda, no es porque esté lejos de la salvación. Es porque estoy demasiado cerca de la Biblia.
Roberto, tú eres como ese pregonero que grita
“¡Hay que predicar!”…
pero nunca sale de la plaza.
Dices que no predico el Evangelio,
pero tú no predicas nada:
solo repites que hay que hacerlo.
¿Ese es tu mensaje?
¿Tu buena nueva es que otros deberían predicar?
Jesús no mandó a repetir el mandato como loro,
sino a cumplirlo.
Y él mismo predicó el Reino de Dios (Lucas 4:43),
no una fórmula vacía.
Nosotros lo hacemos: casa por casa,
pueblo por pueblo,
sin cobrar, sin templos, sin espectáculo.
Tú, en cambio, predicas tu juicio y tu queja.
Si tu “evangelio” es solo señalar con el dedo,
entonces no estás siguiendo a Cristo,
estás imitando a los fariseos (Mateo 23:3).
Así que cuando quieras hablar de predicación,
empieza por predicar.
Porque repetir que hay que hacerlo sin hacerlo…
eso sí que es doctrina de hombre.
Yo salgo kimo por dónde me mandé Jesucristo, pero luce, porque yo si que predico lo que se debe, y no me escaqueo. No como otros.
¿Como lo predicas aquí?
jajajaja
Decir ‘yo predico’ no es predicar.”
Predicar no es un acto de autoproclamación,
es una manifestación de convicción,
coherencia y contenido.
Roberto puede repetir “yo predico” mil veces,
pero si sus palabras no transforman,
si no hay mensaje, si no hay propósito,
entonces no está predicando—está hablando solo.
Predicar implica responsabilidad.
Es sembrar ideas, provocar reflexión,
mover voluntades.
No basta con pararse frente a otros
y decir frases bonitas.
El verdadero predicador no se anuncia,
se reconoce por su impacto.
Así que cuando alguien dice
“yo predico”,
la pregunta no es si lo dice…
sino si se nota.
Exacto, predicar significa responsabilidad, saber que se dice. Amar la enseñanza del Evangelio que es lo que Jesucristo mandó a predicar.
Y tú ni tienes la responsabilidad, ni sigues la enseñanza del Evangelio, ni tienes intención de estudiarla.