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Antiguo 01-Nov-2011, 23:50
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Predeterminado No se duerma en el metro!!!

Hay cosas en la vida, y eso incluye a esta Cd de México, que más vale que nunca averigüemos. La ignorancia nos permite dormir con placidez en la noche, y concentrarnos en nuestros respectivos trabajos. Por ejemplo: ¿Se ha preguntado usted qué les sucede a las personas que se quedan dormidas en el Metro, cuando éste llega a la Terminal de una línea, lo que causa que no escuchen la advertencia que les pide abandonar el vagón y sigan adelante en el mismo, adentrándose en un profundo túnel oscuro que aparentemente no lleva a ninguna parte? La verdad es que esa es una de esas cosas que en realidad no nos conviene averiguar, si es que queremos mantener la ilusión de que vivimos en un universo racional.

Sin embargo, no está de más tomar algunas precauciones sencillas, que bien pueden evitarnos experiencias en verdad lamentables. Una de ellas es la de no dormirnos nunca en el Metro; en especial, después de la puesta del sol. Para Arturo Marquina, periodista ya no tan joven, y autor ocasional de relatos de ficción científica, cuentos de horror y novelitas policiacas, ese descuido le produjo un extraño desarreglo que sus amigos califican casi de locura. Se niega Arturo, quien es una persona sensata, racional y de buen humor, a acercarse siquiera a las entradas al Metro. Se niega también a pasar por encima de las ventilas o registros del sistema de Transporte Colectivo de esta capital. En eso puede ponerse hasta agresivo y desagradable. Marquina se niega a hablar de esa extraña fobia que lo aqueja. Siempre logra desviar la conversación cuando se le interroga al respecto. Sólo una vez, en una cantina de Bucareli, después de varias horas de consumo y animada conversación, llegó un momento en que se puso serio e hizo una advertencia a uno de los amigos, que le dijo que usaba a el Metro cotidianamente y en especial a muy altas horas de la noche. “¿Llegas a alguna terminal a esas horas?, preguntó Arturo. Ante la respuesta afirmativa, nuestro amigo abandonó su discreción. “¿Tú has sabido qué le ocurre a las personas que se quedan dormidas en los vagones que siguen avanzando después de la última estación?-“La verdad, no”-repuso su compañero. “Yo sí lo sé”, continuó Arturo.”Esto que te voy a contar no es un cuento, te pido que me lo creas, por tu bien. Nunca lo repetiré ante ustedes”.

Fue hace justo un año. Serían cerca de las once de la noche y salía yo del trabajo después de un día durísimo. Tomé el Metro en la estación Hidalgo, y me dirigí hacia Tacaba. Ahí transbordé hacia Barranca del Muerto. Ya a esa hora, el Metro va casi vacío. Cerca de Tacubaya me quedé dormido. El tren llegó sin duda a la Terminal, sin que yo despertara. No oí la distorsionada voz de advertencia que sale del sistema del sonido, ni el insistente pitido del silbato electrónico que anuncia las paradas. Después, unos segundos después, cuando ya el vagón se dirigía hacia el inquietante túnel que continúa el trayecto, alcancé a ver el letrero y la insignia de mi estación de destino la cual quedaba atrás. Con preocupación y fastidio, pude ver que no iba solo. Unos asientos más adelante iba un tipo viejo y desastrado, en evidente estado de ebriedad que seguía dormido y cabeceaba con cierto ritmo. Pensé que quizá este tren cambiaría de vía y regresaría por el mismo trayecto en unos momento más. Pero no fue así.

“El vagón siguió adelante, se desvió hacia la derecha y después de avanzar varias decenas de metros, hizo alto en un lugar totalmente oscuro. El motor se detuvo y lo mismo la ventilación. El silencio más absoluto cayó sobre nosotros. Fue entonces cuando las luces se apagaron. Ahí, empecé a sentir algo de miedo. Había un poco de claridad, proveniente de la parte posteior del túnel. Por fortuna, traía mi linterna de bolsillo y además ésta tenía pilas. Me paré y me dirigí a mi aún dormido compañero de tribulación. Me acerqué a él y lo sacudí por el hombro. Me preguntó qué pasaba y rápidamente le expliqué nuestra situación. Respondió con una imprecación y puso su rostro contra la ventana para tratar de ver dónde nos hallábamos. Me di cuenta que este vagón se quedaría ahí toda la noche, por lo que me dispuse a tratar de forzar una de las puertas. Era inútil, me convencí que sólo saltando a través de una de las ventanas podríamos salir del carro. Fue entonces cuando oí un ruido en el techo. Algo cayó encima del vagón y recorría el techo. De pronto, se escuchó otro ruido en el extremo opuesto del carro. Dirigí el haz de mi linterna y pude ver una sombra que caía al suelo después de haber entrado por laventana. “¡Vaya, al fin!… ¡Oiga, necesitamos que nos ayude a salir!” No hubo respuesta. El borracho fue más directo. Avanzó hacia el intruso y lo tomó por las ropas. “¡Sáquenos de aquí! ¡Esto es un atropello, malditos burócratas!”. El extraño no respondió, sólo levantó una mano.

“A la luz de mi linterna pude ver que era blanca como la harina, delgada y fibrosa, y con unas larguísimas uñas que semejaban garras. Como un rayo, esa mano rasgó la garganta del pobre vagabundo. Fue entonces cuando vi el rostro del ser que tenía enfrente. Pálido, calvo, con enormes ojos amarillos, orejas largas, una nariz grotescamente respingada con dos protuberancias carnosas en la punta. Vi como abrió la boca llena de dispares y puntiagudos dientes, que pronto recibió el borbotón de sangre que salía del desafortunado pasajero. Fue en esos momentos cuando recibieron mis narices la patada del nauseabundo olor que despedía esa criatura. El espectáculo y el olor me hicieron de inmediato vomitar. En medio de las arcas de la basca, escuché otro ruido metálico detrás de mí. ¡Alguien más entraba al vagón por otra ventana! No esperé un segundo más. Me lancé hacia el primer intruso, que aún se cebaba en su víctima, y derribándolos a ambos llegué a la ventana por donde había penetrado el primer monstruo. Escuché un forcejeo detrás de mí, con el que sin duda el invisible perseguidor se abría paso también entre la pareja víctima-victimario que se interponía entre nosotros. Salté fuera del vagón y logré caer en el suelo sin dislocarme siquiera un tobillo. Emprendí la huída, como un poseso, hacia el extremo iluminado del túnel. Detrás de mí se dejaba oír un jadeo que acompañaba rítmicamente a un penetrante chillido.

“La luz aumentaba poco a poco. Sentía que mi perseguidor rápidamente iba descontando ventaja. Decidí voltear la cabeza… y quizá eso sea lo que más me ha desgraciado la vida de toda esa experiencia. Vi a un ser similar al que había despedazado al pobre ebrio en el vagón, nada más que éste mostraba una regocijada sonrisa idiota. En la penumbra del túnel veía su tez, amarillo limón, y su larga frente con que se relamía con anticipación. Por fortuna, de frente llegaba otro tren de vagones del Metro. Salté a su paso y alcancé la parte central del túnel. Mi perseguidor no quiso hacer lo propio. Recorrí los últimos metros que me separaban ya de la iluminada estación. Al llegar a ella, subí al andén. Justo a tiempo. Unos metros atrás la criatura, que se había desplazado por el techo del túnel, asida de sus largas garras, tanto de manos como de pies, cayó detrás de mí y alcanzó a lanzarme un zarpazo a la pantorrilla”.

Arturo nos mostró una cicatriz, que aún dejaba ver las huellas de una prolongada infección que apenas había sido dominada.

“Ya en el andén, emprendí la carrera hacia la calle. No me detuve hasta llegar a mi departamento, donde atranqué la puerta y me refugié en un garrafón de mezcal.

“Me expliqué por qué en los talleres del Metro se trapea y se friega con tanto esmero el piso de los vagones todas las mañanas. ¡No se duerman en el Metro! Si lo hacen, corren el peligro de, por lo menos, no volver a dormir nunca más con tranquilidad”..

Cuento de Mario Mendez Acosta
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Antiguo 02-Nov-2011, 14:56
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me encantan los cuentos de terror
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Antiguo 02-Nov-2011, 15:55
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muy buena historia,me encantan,habra una segunda parte?
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es una necedad arrancarse los cabellos en momentos de afliccion,como si esta pudiera ser aliviada por la calvicie.... marco tulio ciceron..
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  #4  
Antiguo 03-Nov-2011, 19:36
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me encantan los cuentos de terror
A mi tambien, y en estas fechas me dio por recordar esta historia que habia leido hace algunos años
Cita:
Iniciado por aural-35 Ver Mensaje
muy buena historia,me encantan,habra una segunda parte?
mmm, no creo que halla segunda parte, pero espero que halla mas de este tipo de leyendas urbanas.
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  #5  
Antiguo 03-Nov-2011, 19:44
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Quiero compartir esta cuento cubano, que cuando lo lei me puso a pensar en aquellas personas de edad avanzada... pero que parece que tienen una energia inagotable y siempre andan corriendo de un lado para otro.
Espero que les guste.

Cita:
-Santos y buenos días -dijo la muerte, y ninguno de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla al bolsillo.
-Si no molesto -dijo-, quisiera saber dónde vive la señora Francisca.
-Pues mire -le respondieron, y asomándose a la puerta, señaló un hombre con su dedo rudo de labrador:
-Allá por las cañas bravas que bate el viento, ¿ve? Hay un camino que sube la colina. Arriba hallará la casa.
«Cumplida está» -pensó la muerte y dando las gracias echó a andar por el camino aquella mañana que, precisamente, había pocas nubes en el cielo y todo el azul resplandecía de luz.
Andando pues, miró la muerte la hora y vio que eran las siete de la mañana. Para la una y cuarto, pasado el meridiano, estaba en su lista cumplida ya la señora Francisca.
«Menos mal, poco trabajo; un solo caso», se dijo satisfecha de no fatigarse la muerte y siguió su paso, metiéndose ahora por el camino apretado de romerillo y rocío.
Efectivamente, era el mes de mayo y con los aguaceros caídos no hubo semilla silvestre ni brote que se quedara bajo tierra sin salir al sol. Los retoños de las ceibas eran pura caoba transparente. El tronco del guayaba soltaba, a espacios, la corteza, dejando ver la carne limpia de la madera. Los cañaverales no tenían una sola hoja amarilla. Verde era todo, desde el suelo al aire y un olor a vida subiendo de las flores.
Natural que la muerte se tapara la nariz. Lógico también que ni siquiera mirara tanta rama llena de nido, ni tanta abeja con su flor. Pero, ¿qué hacerse?; estaba la muerte de paso por aquí, sin ser su reino.
Así, pues, echó y echó la muerte por los caminos hasta llegar a casa de Francisca:
-Por favor, con Panchita -dijo adulona la muerte.
-Abuela salió temprano -contestó una nieta de oro, un poco temerosa aunque la parca seguía con su trenza bajo el sombrero y la mano en el bolsillo.
-¿Y a qué hora regresa? -preguntó.
-¡Quién lo sabe! -dijo la madre de la niña? . Depende de los quehaceres. Por el campo anda, trabajando.
Y la muerte se mordió el labio. No era para menos seguir dando rueda por tanto mundo bonito y ajeno.
-Hace mucho sol. ¿Puedo esperarla aquí?
-Aquí quien viene tiene su casa. Pero puede que ella no regrese hasta el anochecer o la noche misma.
«¡Contra!», pensó la muerte, «se me irá el tren de las cinco. No; mejor voy a buscarla». Y levantando su voz, dijo la muerte:
-¿Dónde, al fijo, pudiera encontrarla ahora?
-De madrugada salió a ordeñar. Seguramente estará en el maíz, sembrando.
-¿Y dónde está el maizal? -preguntó la muerte.
-Siga la cerca y luego verá el campo arado detrás.
-Gracias -dijo seca la muerte y echó a andar de nuevo.
Pero miró todo el extenso campo arado y no había un alma en él. Sólo garzas. Soltóse la trenza la muerte y rabió:
«¡Vieja andariega, dónde te habrás metido!» Escupió y continuó su sendero sin tino.
Una hora después de tener la trenza ardida bajo el sombrero y la nariz repugnada de tanto olor a hierba nueva, la muerte se topó con un caminante:
-Señor, ¿pudiera usted decirme dónde está Francisca por estos campos?
-Tiene suerte -dijo el caminante-, media hora lleva en casa de los Noriegas. Está el niño enfermo y ella fue a sobarle el vientre.
-Gracias -dijo la muerte como un disparo, y apretó el paso.
Duro y fatigoso era el camino. Además ahora tenía que hacerlo sobre un nuevo terreno arado, sin trillo, y ya se sabe cómo es de incómodo sentar el pie sobre el suelo irregular y tan esponjoso de frescura, que se pierde la mitad del esfuerzo. Así por tanto, llegó la muerte hecha una lástima a casa de los Noriegas:
-Con Francisca, a ver si me hace el favor.
-Y se marchó.
-¡Pero, cómo! ¿Así, tan de pronto?
-¿Por qué tan de pronto? -le respondieron- . Sólo vino a ayudarnos con el niño y ya lo hizo. ¿A qué viene extrañarse?
-Bueno..., verá -dijo la muerte turbada- , es que siempre una hace su sobremesa en todo, digo yo.
-Entonces usted no conoce a Francisca.
-Tengo sus señas -dijo burocrática la Impía.
-A ver; dígalas -esperó la madre. Y la muerte dijo:
-Pues..., con arrugas; desde luego ya son sesenta años...
-¿Y qué más?
-Verá..., el pelo blanco..., casi ningún diente propio..., la nariz, digamos...
-¿Digamos qué?
-Filosa.
-¿Eso es todo?
-Bueno..., por demás nombre y dos apellidos.
-Pero usted no ha hablado de sus ojos.
-Bien; nublados..., sí, nublados han de ser..., ahumados por los años.
-No, no la conoce -dijo la mujer- . Todo lo dicho está bien, pero no los ojos. Tiene menos tiempo en la mirada. Ésa, quien usted busca, no es Francisca.
Y salió la muerte otra vez al camino. Iba ahora indignada, sin preocuparse mucho por la mano y la trenza, que medio se le asomaba bajo el ala del sombrero.
Anduvo y anduvo. En casa de los González le dijeron que estaba Francisca a un tiro de ojo de allí, cortando pangola para la vaca de los nietos. Mas, sólo vio la muerte la pangola recién cortada y nada de Francisca, ni siquiera la huella menuda de su paso.
Entonces la muerte, quien ya tenía los pies hinchados dentro de los botines enlodados, y la camisa negra, más que sudada, sacó su reloj y consultó la hora:
-¡Dios! ¡Las cuatro y media! ¡Imposible! ¡Se me va el tren!
Y echó la muerte de regreso, maldiciendo.
Mientras, a dos kilómetros de allí, escardaba de malas hierbas Francisca el jardincito de la escuela. Un viejo conocido pasó a caballo y, sonriéndole, le tiró a su manera el saludo cariñoso:
-Francisca, ¿cuándo te vas a morir?
Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre:
-Nunca -dijo- , siempre hay algo que hacer.
Cuento de Ornelio Jorge Cardoso, contenido en su libro "Cuentos", 1975.
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Antiguo 04-Nov-2011, 21:09
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ay este cuento me gustaba mucho en la primaria...lo lei y lo leia muchisimas veces....
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es una necedad arrancarse los cabellos en momentos de afliccion,como si esta pudiera ser aliviada por la calvicie.... marco tulio ciceron..
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Antiguo 26-Oct-2012, 15:25
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Aqui les dejo otra historia del metro de la ciudad de México:

Cita:
Juan era un trabajador del centro de la ciudad de México, su trabajo comenzaba por las tardes y era encargado de la mercancía que llega a bodegas de diferentes cosas dentro del centro de la ciudad, su trabajo era ayudar pero sobre todo supervisar y contar que todo el material de diferentes tiendas llegara a salvo y completo a estas grandes bodegonas ubicadas justo en la calle de Colombia a unas cuantas cuadras del metro “zócalo” de la ciudad de México.
Juan era el encargado de cerrar la bodega y a pesar que su horario de trabajo era muy corto de 5 de la tarde a 10 de la noche, su obligación era cerrar el día haciendo inventario de las muchas cajas de mercancías que llegaban a aquella bodega; sin embargo a pesar de su corto horario, él tenía que quedarse al último y despedir a los trabajadores para después revisar contenidos completos y así corroborar que todo venía en perfectas condiciones, tenía a su mano derecha Manuel un trabajador que se quedaba con él para hacer más fluida la labor.
Una noche del mes de diciembre cuando era que tenían más trabajo por cuestiones navideñas, salieron más tarde de lo normal, aproximadamente a las 11 de la noche pero el transcurso al metro era un poco largo y difícil pues todo ya estaba cerrado.
Llegaron al metro en donde fueron informados que aun quedaba el último tren de esa noche, Juan se dirigía a la estación Panteones en donde estaba su casa a unas dos cuadras, y Manuel se dirigía hacia Revolución unas estaciones antes de que bajara Juan, esa noche subieron al metro de milagro y usaron sus boletos para tratar de alcanzar el ultimo tren, corrieron al sonido de aquel transporte y lograron colarse de último minuto a los vagones centrales.
Se dieron cuenta que el vagón en el que ellos se encontraban venía casi vacío, tan solo estaban un joven de unos 17 años que parecía que regresaba de la escuela por su mochila grande y pesada y una joven con su novio; Juan y Manuel se sentaron platicando de futbol y los resultados del fin de semana; sin embargo no sabían lo que les esperaba.
El metro dio un fuerte enfrenón y las luces se apagaron automáticamente la penumbra cubrió el lugar inmediatamente pues el metro en este tramo es subterráneo; Juan no se alarmo y mucho menos Manuel, sin embargo comenzaron a hacerlo pasados unos 20 minutos cuando el tren estaba totalmente obscuro solo con la luz de los celulares de los jóvenes de aquel vagón y de su amigo Manuel.
Pasaron diez minutos más y el grupo del vagón se junto en una sola zona y comenzaron a platicar, bajo la luz de sus celulares, la chica del grupo moría de miedo y es joven novio no sabía que hacer para consolarla, mientras que el joven de la mochila pesada le decía a su novio que la tranquilizara pues los estaba poniendo nerviosos a todos; Juan sacó la cabeza por la ventana de aquel tren y comenzó a gritar, pero nadie lo atendió, hasta que de pronto una cabeza salió del vagón de enfrente de ellos, preguntando ¿Cuántos se encontraban el en vagón? A lo que Juan grito que 5 y la persona respondió que en aquel carro tan solo eran 3 dos mujeres y el que gritaba, Juan volvió la cabeza hacia adentro y vio la hora de su reloj oprimiendo el botón correspondiente.
De pronto un ruido hueco sonó sobre su carro, como si algo pesado cayera golpeando fuertemente el techo y se escucharon unos pasos, Juan saco de nueva cuenta la cabeza y vio como el vecino de frente a ellos también lo hacía en ese instante unas manos alargadas jalaron a aquel hombre hacia fuera del carro mientras gritaba aterrorizado, el jalón fue como si se tratara de una mano jalando un pedazo de papel, el grito sordo de las mujeres que venían con aquel hombre no se hizo esperar y dentro de su carro preguntaban que es lo que pasaba, Juan aterrorizado metió la cabeza al vagón y les grito que cerraran de inmediato todas las ventanas todos obedecieron y en segundos ya estaban cerradas y de nuevo todos juntos.
De pronto vieron como algo saltaba a las vías de al lado, lo vieron de lejos pues temblaban de miedo, sin embargo las luces volvieron al tren y todos corrieron hacia la ventana y lograron ver como aquel ser de aspecto alargado y muy viejo los miraba de forma desafiante, era una mezcla entre hombre y estatua, pues tenía un aspecto de gárgola, y sus ropas eran muy pulcras llevaba un traje azul y una corbata roja, pero no era de todo humano, en su mano izquierda cargaba el cuerpo muerto de aquel hombre tomándolo de la cabeza únicamente con lo que parecía una garra, todos dieron un paso hacia atrás menos Juan al que la criatura se le quedo viendo fijamente y aquella cosa aventaba el cuerpo sin vida bajo el tren, en ese justo instante el tren siguió su marcha y llegaron a la siguiente estación donde todos bajaron; todos fueron a ver algún supervisor de estación pero ya no se encontraba así que todos salieron despavoridos del metro incluso Juan y Manuel, desde ese día Juan cambió su trabajo y procura no usar el metro, y de Manuel no supo nada más, en el periódico del día siguiente en una columna pequeña decía que el metro se había parado por un suicidio de un hombre el cual ellos sabían que no era cierto.
Saludos y, ya lo saben: ¡¡NO SE DUERMAN EN EL METRO!!
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Antiguo 27-Oct-2012, 11:38
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Diablo Guardián Diablo Guardián está desconectado
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El primer relato del metro es excelente. Gracias y felicidades valetom.
Aunque en un sitio donde abundan los vendedores ambulantes, los fakires, señoras con bultos, olores no agradables, los homosexuales y muchas otras clases de seres fantásticos hacen de ese sitio en sí, un lugar propio del horror.
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Será inútil expulsar a este demonio de ti: soy inmune al exorcismo y no me iré de aquí.
Te llevaré a bailar el tango del placer, verás que no es lo mismo delirar que proceder.
Me sobran las alas para el cielo cruzar...¿A qué nube quieres ir? ¡Yo te puedo llevar!
Mis entrañas no son malas si las sabes cocinar, te toca decidir qué postre quieres probar... ¡Mi Cielo
Rap del Diablo Guardián parte II (anexo a 24 tulipanes de procedencia no especificada)
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Antiguo 28-Oct-2012, 18:54
Natz Natz está desconectado
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buena historia. Esta muy entretenida.
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Antiguo 28-Oct-2012, 18:57
Natz Natz está desconectado
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Iniciado por Diablo Guardián Ver Mensaje
El primer relato del metro es excelente. Gracias y felicidades valetom.
Aunque en un sitio donde abundan los vendedores ambulantes, los fakires, señoras con bultos, olores no agradables, los homosexuales y muchas otras clases de seres fantásticos hacen de ese sitio en sí, un lugar propio del horror.
En alguna ocasion visitge la ciudad y viaje en metro, hay todo eso y encontre novedoso la manera de viajar en el. Aunque tambien me pregunte como es que le dan vuelta a todos los vagones. ya no quiero s
aber hohoho
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